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FONAIAP DIVULGA NO. 41
julio-diciembre
1992
Editorial Iván Angulo Chacón |
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Algunas razones fundamentales que avalan la conveniencia de destinar recursos para la investigación agrícola, representan sólidos argumentos para rectificar y activar soluciones. Por ejemplo, los desarrollos tecnológicos, productos de la investigación, pueden intensificar las ventajas comparativas de un país en relación con sus más cercanos competidores; para mantener la competitividad es necesario introducir nuevas tecnologías que reduzcan el uso de insumos, al menor costo posible, garantizando un óptimo retorno económico y la sostenibilidad del sistema productivo. La carencia de investigación agrícola tiene una serie de costos que no se palpan directamente, pero son y pueden ser más altos en términos de los beneficios que se dejan de percibir. A esto deberíamos añadir las respuestas a la siguiente interrogante, ¿cuánto riesgo corre un país al depender mucho de otro en el suministro de sus principales alimentos? Este riesgo, aun cuando fuera temporal, será costoso económica, social y políticamente. Los beneficiarios del cambio tecnológico deberían contribuir al financiamiento de la investigación agrícola. En este sentido, la agro industria y los sectores de la producción más organizados y con mayor acceso al capital deben propiciar vías de interacción con los centros de investigación (Consejos Consultivos), donde se plantee la importancia de contribuir a aportar estos recursos económicos tan necesarios. Para los pequeños productores, el gobierno debe garantizar un financiamiento directo a la investigación que se requiera, en virtud de ser un sector social y productivo con menor capacidad de respuesta ante los cambios ocurridos en la política agrícola. Aunque los argumentos para invertir en la investigación agrícola son numerosos y rotundamente convincentes, en nuestro país ocurre que la asignación de recursos a través del presupuesto ordinario es cada vez menor a las exigencias reales del presente. Por ello, se requiere trazar una estrategia con los usuarios y beneficiarios de nuestra tecnología, para garantizar los mecanismos de un flujo continuo y ascendente de recursos para la investigación, que se traduzca en un mejoramiento evidente de la producción y productividad agrícolas y por ende, en el beneficio social de la población. |