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MURAL   DE   LA   AGRICULTURA    
RAÚL   MOLEIRO   1940


 

 

 

Detalles de
Mural  de la Agricultura

 

 

 

 

 

     La obra de Moleiro es extensa y variada, tanto en sus motivaciones como en su colorido armónico y sobrio. Durante su trayectoria de medio siglo en la pintura, ha cultivado el Retrato, las Flores, Las Naturalezas Muertas, pero ante todo los Paisajes. En este ámbito, su cuadro más famoso es el MURAL DE LA AGRICULTURA, galardonado con el Primer Premio en Concurso promovido por el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela en 1940.

El mural permaneció por algún tiempo en la antigua sede del Ministerio de Agricultura y Cría, en la quinta de la familia Boulton, en El Paraíso, Caracas.

Corría el año 1940 cuando se promovió dicho certamen, con la participación de los mejores pintores de 1930. Quería el organismo promocional de este concurso que la pintura permaneciera como exhibición en el Salón de Recepciones del Despacho, cuando éste se encontraba en el ala noreste del Capitolio Federal, y efectivamente, el mural de grandes dimensiones permaneció allí y en buen estado de conservación, admirado por todos los que visitaban aquel salón, hasta que fue trasladado al despacho de El Paraíso.

El mural premiado de Raúl Moleiro es un canto a la agricultura de la zona tórrida, algo así como la interpretación plástica del canto de Don Andrés Bello ambientada, como los de Tito Salas, posiblemente en las campiñas aragüeñas. Rico en figuras, el artista plasmó las mozas campesinas en el momento de la cosecha de los frutos, mientras los jóvenes agricultores los trasportan en las carreteras tiradas por bueyes. A lo lejos, en el fondo y en segundo plano, se nos ofrece un paisaje espléndido, todo frescura y bajo la luz del trópico. Todo está realizado con alegría, esperanza y optimismo. Fue lo que seguramente impulsó al notable crítico italiano Eduardo Crema a escribir sobre este mural los siguientes conceptos:

Moleiro podría muy bien indicar un rumbo técnico y al mismo tiempo una conquista a lo nativo que es lo característico de un pueblo, porque no se adquiere el valor artístico sólo por el hecho de entrar en una obra de arte, no basta pintar cambures y mangos o carecer de rasgos indígenas para crear un arte venezolano. Lo característico de un pueblo se trueca de veras en arte cuando el artista logra elaborar los elementos analíticos sacados de la visión de su tierra, en una creación que se imponga por el relieve y la suficiencia de la expresión y el logro de relaciones agradables entre los elementos mismos. En este sentido, Moleiro sí ha creado una obra venezolana, y al mismo tiempo un arte excelente por haber formado, con elementos criollos, una síntesis que no conoce barreras. Lo particular debe ser asimilado por el conjunto, para que la obra pueda representar su tierra en el mundo, y Moleiro ha realizado esta asimilación”. (El Universal, 24/6/1940)

El juicio de Crema coincide con la universalidad Unamunesca, partiendo siempre del valor regional de la obra de arte, la síntesis en su creación, manifiesta en este caso, es un lenguaje plástico definido, proyectado por su diafanidad y comprensión hacia lo universal. En otros términos, este mural, de limpia atmósfera, es y será obra de permanente valor en la pintura venezolana y debe juzgarse, por lo tanto, en los mismos términos del profesor Crema.

El mural ha sido restaurado en septiembre de 1981 por Fidel Santa María y se mantiene en su esplendorosa belleza y en perfectas condiciones.

Hoy, esta obra artística está expuesta en el Salón de lectura Dilia Ramos de la Biblioteca del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias (CENIAP-INIA) en Maracay