Revista Digital del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Venezuela

 CENIAP HOY                                                                                                      
  Número 9  septiembre-diciembre  2005                                                                             


A LOS 120 AÑOS DE LA PRIMERA VACUNACIÓN ANTIRRÁBICA

Noris Plaza M. y Magaly Bracamonte

INIA-CENIAP
Sanidad Animal
Maracay


   

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    Introducción

La rabia es una de las enfermedades más antiguas de la humanidad y su conocimiento se remonta aproximadamente 4 mil años A.C. Sólo se identificaba con las especies silvestres como zorros, lobos, mapaches, tejones y al transcurrir los años, estos animales fueron difundiendo el virus por el mundo; más tarde llegó a las especies domésticas, y en consecuencia al hombre que convive con ellas. Hasta la fecha, aún es motivo de diversos estudios dirigidos al combate de esta grave zoonosis.

 

En las civilizaciones del mundo antiguo, como la egipcia, la rabia fue catalogada como "castigo de los dioses", porque cuando un perro atacaba a un individuo, la muerte llegaba en pocos días. También en Italia la rabia se presentó frecuentemente, lo que aterrorizaba a la población de muchas aldeas.

 

Demócrito, filósofo griego, la describió como una enfermedad terrible que se presentaba en perros y otros animales domésticos. Hacia el año 550 A.C., Aristóteles en sus escritos, habla acerca de la rabia y la forma de cómo se transmite, por mordedura de animales rabiosos.

En el continente americano, el problema comenzó cuando los conquistadores españoles e ingleses pisaron las costas del nuevo mundo, pues ellos trajeron animales infectados. Sin embargo, algunos datos históricos señalan que la rabia ya existía en América, y que los vampiros, cuya presencia se detectó en zonas del nuevo continente, eran causa de transmisión del mal, según relatos de las crónicas de los conquistadores en 1514 y 1527, principalmente en tierras mexicanas.

 

La descripción de su historia natural se mantiene de la misma manera hasta hoy, identificándose el concepto de transmisibilidad a través de la saliva de los perros, utilizando la palabra virus (veneno en latín) para definir el material infeccioso. 

Otra causa de la rabia descrita por Plinio y Ovidio fue la del gusano de la lengua del perro, por lo cual cortaban el freno de la lengua del perro y extirpaban el pliegue donde suponían estaba el gusano.

En el siglo XIX, con el avance en el descubrimiento microbiano se llega a las investigaciones científicas sobre el tratamiento para la rabia, y en 1804 el investigador alemán G. Zinke, demostró que ésta se podía transmitir a perros sanos por inoculación de saliva de animales rabiosos. Posteriormente, Galtier (1879) utilizó inicialmente el conejo como modelo experimental inoculándolo con saliva de un perro rabioso demostrando su transmisión.

Estos estudios sirvieron de base al mayor descubrimiento de la medicina, efectuado por el químico francés Louis Pasteur en la década de los ochenta del siglo pasado, quien sugirió que el agente etiológico de la rabia no era una bacteria, sino un virus y que no solo se encontraba en la saliva, sino en el sistema nervioso central.

Pasteur comprueba que el germen no se desarrolla en medios de cultivo bacterianos; pero por el contrario, lo hace fácilmente si es inyectado en el sistema nervioso del perro o del conejo y señala que “uno se ve inclinado a creer que la causa es un microbio de infinita pequeñez, que no tiene la forma de bacilo ni de micrococo”. Efectúa pasajes sucesivos del germen en el tejido nervioso de esos animales llegando a obtener un virus de virulencia fija, a diferencia del encontrado en la naturaleza que es de virulencia variable. Las médulas infectadas por ese germen fijo dejadas en contacto del oxígeno y en atmósfera desecada pierden su virulencia, y al ser inoculado un extracto de ellas a perros comprueba que esos animales se habían vuelto resistentes a ataques ulteriores del virus virulento, por lo tanto la vacuna antirrábica estaba descubierta.

Pasteur necesitaba hacer la comprobación de la eficacia de éstas en el ser humano. Es así como el 6 de Julio de 1885, Pasteur inocula la vacuna a un niño de 9 años de edad, Joseph Meister, que había sido mordido 14 veces por un perro rabioso. Aplica bajo un pliegue cutáneo en el hipocondrio derecho, media jeringa de la médula de un conejo rabioso preservada en un frasco con aire seco durante 15 días. Se hicieron 13 inoculaciones sucesivas con médulas de virulencia progresiva. José Meister sobrevivió y se cuenta que años después era portero del Instituto Pasteur hasta el año 1940 cuando prefirió suicidarse al defender de los nazis, la cripta que contenía los restos de Pasteur. En el año 1886, Pasteur informó de los resultados del tratamiento de 350 casos, de los cuales solo una persona desarrolló la rabia por haber comenzado el tratamiento un mes después de la exposición.

Desde el gran descubrimiento de Pasteur, la vacunación contra la rabia ha sido motivo de innumerables estudios dirigidos a mejorar la inocuidad y eficiencia de estos biológicos. Sin embargo, el método original de vacunación de Pasteur siguió siendo utilizado durante 68 años.

La segunda generación de vacunas antirrábicas surgió en 1939 y fueron las de tipo Fermi, Semple o Hempt, que se obtienen de cerebro de animales adultos (conejo y oveja), e inactivadas químicamente utilizando fenol. Estas fueron usadas hasta los años 50, y el esquema de inmunización postexposición fue de 14 a 21 dosis vacunales, administradas diariamente con 2 dosis de refuerzo. La utilización de esta generación de vacunas se acompaña de complicaciones neurológicas en una incidencia que varia entre 1/500 a 1/5000 tratamientos, debidas principalmente a la presencia de residuos de mielina en los productos vacunales. Fueron empleadas en humanos y animales (bovinos y perros).

La tolerancia fue mejorada (1955) reemplazando el cerebro de animales adultos, por los de animales lactantes, (vacuna Fuenzalida-Palacios o CRL), siendo en la actualidad preparada con cerebro de ratones no mayores de un día de edad (no contienen mielina). Esto reduce el riesgo de complicaciones neuroparalíticas de 1/10.000 tratamientos, pero mantiene la inmunogenicidad baja ya que requiere de 7 a 14 inyecciones para asegurar un nivel aceptable de protección. Sin embargo, esta vacuna por su bajo costo es la más utilizada actualmente en Latinoamérica para inmunizar humanos y perros.  En 1948, Koprowski y Cox, crearon las vacunas tipo Flury LEP y Flury HEP en embrión de pollo, que son de virus vivo atenuado y se emplean para inmunizar ganado y perros.

El paso definitivo dado por el desarrollo de cultivos celulares in vitro, a partir de los años 70, permitió obtener vacunas para humanos extremadamente puras y muy inmunogénicas, por lo que fue posible reducir la aplicación a 5 dosis (en los días 0, 3, 7, 14 y 30), y desapareciendo el riesgo de complicaciones neurológicas completamente, permitiendo administrar la vacuna preventiva antes de la exposición al virus. El virus rábico utilizado en la preparación de estas nuevas vacunas es producido en: cultivo celular primario (riñón de hámster, de cerdo, o fibroblastos de embrión de pollo); líneas celulares diploides (humanas o de mono rhesus) y líneas celulares continuas (células Vero).

Así mismo se desarrollan las vacunas para el control de la rabia bovina (1967), empleando cultivo primario de tejido de riñón de cerdo (cepa ERA), y posteriormente (1969), las  producidas en la línea celular de riñón de hamster bebé (BHK) inactivada con betapropiolactona, demostrándose por pruebas de laboratorio y campo su seguridad y eficacia.

El desarrollo de la técnica de AND recombinante ha dado inicio a una nueva era en la lucha contra la rabia. Las vacunas recombinantes no pueden poseer patogenicidad residual alguna por el hecho de que contienen solamente productos de un solo gen no virulento. La mayoría de las normas de inocuidad que rigen las vacunas de virus vivos, son también aplicables a las vacunas recombinantes. La vacunación por vía oral con este tipo de biológico de docenas de especies animales, incluyendo a los silvestres (zorros y mapaches), en Bélgica, Francia y EUA, no ha revelado ninguna patogenicidad residual.

 

 

Desde hace dos décadas, los estados miembros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) decidieron la eliminación para el año 2005 de la rabia humana transmitida por perros en la región de las Américas. Desde 1990 al 2003 el perro ha sido la fuente de infección en el 65% de los casos humanos notificados, los cuales se han reducido de 152 a 27. En el 2004 se reportan 20 casos humanos transmitidos por perros, pero se incrementan a 71 los casos transmitidos por otras especies, la mayoría por murciélagos hematófagos, entre los cuales se citan a Brasil (22), Colombia (14), Perú (8), Venezuela (2).

 

Este es el primer año que los casos humanos por animales silvestres sobrepasan a los transmitidos por perros. Estas ultimas cifras son indicativas de las necesidades de una urgente reorientación de las actividades de vigilancia epidemiológica, que sobre rabia se deben efectuar en la región de las Américas.

 

Para el año 2004, la situación de la rabia canina en algunos países ha empeorado considerablemente, con grandes brotes en Bolivia (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) y Venezuela (Zulia). Sin embargo, desde hace 10 años se consideran áreas libres de rabia canina a Panamá, Costa Rica, Chile, Uruguay, y partes de Argentina, Brasil y Perú, y en toda América latina se vacunan todos los años alrededor de 44 millones de perros y se atienden aproximadamente a un millón de personas en riesgo de contraer la enfermedad.

En Venezuela la rabia urbana se mantiene circunscrita solo al estado Zulia y al término del año 2004 se registraron 176 casos en perros y 8 en gatos en 10 municipios del estado. Al comparar estas cifras con el año 2003, se observa un grave aumento del 66,0% de los casos en perros, lo que trajo como consecuencia la lamentable muerte de tres personas debido a la falta de denuncia de mordedura por un animal rabioso y no aplicarse un tratamiento antirrábico oportuno. Otra situación se presentó en el estado Sucre con la muerte de dos personas por rabia, pero en este caso el animal transmisor fue el murciélago. En relación a la rabia en bovinos, esta distribuida en diversos estados del país como Anzoategui, Barinas, Cojedes, Guárico, Mérida, Miranda.

El tratamiento de la rabia es siempre preventivo, una vez que empiezan los primeros síntomas prácticamente es irreversible la muerte. El descubrimiento de Pasteur ha sido el gran remedio para la humanidad, al lograr el tratamiento en humanos y dar inicio a estudios para el desarrollo de inmunógenos efectivos en el control de la enfermedad en los animales.

La OPS/OMS establece que cualquier enfermedad previa o que se inicie durante el tratamiento no debe ser causa de interrupción de la serie vacunal. El embarazo tampoco es indicación de suspensión o de negativa de prescripción.

Desde 1984, la OMS ha recomendado abandonar las vacunas preparadas sobre tejido nervioso a favor de las vacunas obtenidas en cultivos celulares, tanto para los países industrializados como para los países en vías de desarrollo.

Está probado que el control del ciclo urbano de la rabia no es ya un problema científico, ni técnico, sino una decisión política de hacerlo.

^      Bibliografía

Baer, G.M. 1982. Historia natural de la rabia. México, Ed. La Prensa Médica Mexicana.

Memorias Año Louis Pasteur. 1995. En conmemoración del Centenario de su muerte 1895-1995. Asociación Venezolano-Francesa de las Ciencias de la Salud. Caracas, Venezuela.

Organización Mundial de la Salud. 1992. Comité de expertos de la OMS sobre Rabia, 8° Informe. Ginebra. Series de informes técnicos N° 824.

Plaza, N. Informe epidemiológico 2004. INIA–CENIAP–Sanidad Animal. 14 p.

Schneider, M.; C. Santos-Burgos. 1994. Tratamiento contra la rabia humana: un poco de su historia. Revista de Salud Pública. Brasil. Vol. 28 (6):454-63. 

Schneider, M.; et al. 2005. Situación epidemiológica de la rabia humana en América Latina en 2004. Boletín Epidemiológico / OPS, Vol. 26 (1): 2-4 


Nota de los editores
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Referencia de este artículo:

Plaza, N. y Bracamonte, M. 2005. A LOS 120 AÑOS DE LA PRIMERA VACUNACIÓN ANTIRRÁBICA. Revista Digital CENIAP HOY Número 9, septiembre-diciembre 2005. ISSN: 1690-4117, Depósito Legal: 200302AR1449, Maracay, Aragua, Venezuela. 
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