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Revista Digital del Centro
Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Venezuela |
ACERCA
DE LA GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Y
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Los
conceptos de datos, información, conocimiento e inteligencia están íntimamente
relacionados y, a menudo, prevalece una tendencia a tratarlos como sinónimos.
Vivimos ante una constante lluvia de datos, especialmente como científicos.
Estos datos que están en el ambiente, en la realidad material, en una
forma cruda, y al percibirlos, y procesarlos bajo ciertos patrones de
regularidad, los transformamos en información, porque estamos habilitados
para asignarles significados y, cuando lo comprendemos, estamos
practicando el conocimiento.
Ese
conocimiento inteligentemente aplicado, nos da sabiduría para tomar
decisiones acertadas en su debida oportunidad. Cada uno de estos niveles
es totalmente distinto el uno del otro. En muchas ocasiones, pretendemos
dejar de lado alguno o algunos e ir directamente al conocimiento, o nos
quedamos en los meros datos. Pero, sin duda, para llegar a una toma de
decisión oportuna, tenemos que pasar por todos, inevitablemente. Porque
la información, por sí sola, no tiene valor intrínseco si no existe un
mínimo contexto de conocimiento previo en nuestros marcos mentales, con
el cual reducimos la incertidumbre o ampliamos nuestros marcos de acción
y decisión.
Sin
embargo, el acceso a Internet sigue siendo un grave problema mundial.
Tanto es así, que esfuerzos de la más
diversa índole, por gobiernos e instituciones gubernamentales,
nacionales, internacionales, todavía enfrentan ese problema. Una
iniciativa del Foro Mundial de las Naciones Unidas realizó la Primera
Cumbre de la Información, en diciembre del 2003, en Génova, y como
siempre, muchas palabras y declaraciones, muchas buenas intenciones y
planes, pero pocas decisiones. Se han realizado ya tres reuniones
preparatorias para la Segunda Cumbre Mundial que será este año en Túnez.
Y todavía no hay acuerdo tácito o explicito con relación a cómo
resolver el problema de la división digital. Esto es, básicamente, el
problema en lograr que haya información accesible, disponible, utilizable
por la mayoría de los pobladores de este mundo. Sin embargo, ¿dónde
existen las tecnologías y hay la provisión tecnológica gestionaría y
administrativa del potencial de estas tecnologías de la información y
comunicación? Sin embargo, existe una división digital. 85% de los países africanos de los 50 y tantos países, no tiene acceso a Internet. Nosotros, en América Latina, tenemos, de acuerdo con las estadísticas, un acceso cercano a 40%, En el país, a pesar de que hay cerca de 2.500.000 de computadoras distribuidas, entre el gobierno, empresas, personas y hogares, el acceso a Internet no llega a 15%. Sólo en el ámbito de las instituciones gubernamentales públicas y privadas existe el acceso generalizado a Internet. Otro
aspecto muy importante es que las nuevas tecnologías de comunicación son
un instrumento y como ha pasado con todas innovaciones de la historia,
muchas veces confundimos el instrumento con el fin. En realidad, la
computadora, Internet, las aplicaciones, toda esa parafernalia que
implican las nuevas tecnologías de Información y comunicación sólo son
un instrumento. La gente cree que por tener Internet ya tiene todo y no es
así. Tener Internet en la casa, es tener un instrumento y una aplicación
disponible. El fin sigue siendo un problema esencialmente humano,
gestionario, de política pública, de política de desarrollo. Empero, la
provisión de información y conocimiento debe estar aparejada con
estrategias y políticas públicas que habiliten y creen competencias
comprobadas en el uso asertivo, constructivo e innovativo de esta provisión.
Algo
que vale la pena destacar, en el ámbito mundial, el crecimiento y
desarrollo de riquezas en los últimos diez años, se ha debido más que a
la generación de bienes y servicios, se ha debido a la creación de
medios de comunicación. Venezuela creció entre el 99 y el 2003 en su
economía, no sólo por el precio del petróleo ni porque la industria o
la agricultura crecieran; creció por que la inversión en
telecomunicaciones fue inmensamente grande, no sólo de parte del gobierno
sino también por parte una serie de transnacionales que al implantarse la
nueva Ley de Telecomunicaciones vieron una gran posibilidad y un gran
negocio como efectivamente ha
sido. De
nada valen las nuevas tecnologías si paralelamente no hay políticas
funcionales de educación y aprendizaje continuo que viabilice su
aprovechamiento. Y esto, porque, aunque cueste un poco decirlo, 300
INFOCENTROS que hay en el país, millones de usuarios en edades escolares,
no están haciendo el uso asertivo que se previó. Es más, hay
centros de comunicaciones y cibercafés que han tenido que ser
clausurados por que niños de 13 años lo que están viendo es pornografía.
Ese es un grave problema, y si en los espacios de foros internacionales o
mundiales, o a nivel de políticas públicas y mecanismos regulatorios eso
no se soluciona, no vamos
aprovechar el potencial que tiene este mecanismo habilitador para la
instantánea comunicación y acceso a mucha información. Claro, eso no
implica que haya estudiantes muy aplicados, capaces de acceder a información
útil que complementa y con creces su proceso educativo. Es
así como surge la Informática Social, una disciplina científica de
orientación socioeconómica y gestionaria que está todavía en
emergencia pero que implica el trabajo de equipos para la mejora de la
utilización de las posibilidades de las nuevas tecnologías, de los centros de documentación, de los
sistemas de información en línea, y, sobre
todo, del uso compartido de información asincrónica y a lo largo
del tiempo para generar nuevos conocimientos. Precisamente, fue un
profesor, el profesor Robert Klink, de la Universidad de Indiana, de donde
es doctorada nuestra compañera Iris, quien acuñó el término en 1998,
pero hay seguidores, e inclusive dentro de la Cumbre Mundial de la
Información, está como punto de mucha relevancia e importancia, el
establecimiento de la disciplina de informática social dentro de las
academias del tercer mundo, básicamente. Otro
aspecto muy importante relacionado con la Gestión del Conocimiento es la
Innovación Tecnológica. La innovación tecnológica muchas veces la
hemos visualizado, la hemos tomado como eso, etimológicamente, innovar
tecnológicamente. En realidad, la innovación
tecnológica es un proceso que, de acuerdo con los economistas del siglo
veinte y contemporáneos, es un proceso mucho más complejo, mucho más
amplio que está marcando la pauta para lo que es la definición de
desarrollo o atraso socioeconómico. Es un proceso multidimensional,
interinstitucional, sistémico, que trasciende tiempo y espacio y que está
en constante cambio. No hay innovación tecnológica que perdure más allá
de los cinco o diez años. Lo vemos constantemente. La Ley de Moore ¿qué
está indicando? Que las computadoras, sus programas y sus sistemas
operativos están cambiando, creciendo de manera acelerada y no hay una
previsión de hasta dónde pueda llegar…Algunos visualizan que, en lugar
de un reloj, vamos a tener una como computadora como la que tenemos ahora,
una laptop. Otras van más allá y dicen que con un pequeño implante de
un chip acá tenemos la computadora con las mismas características de la
laptop que tenemos acá. Algo muy importante y de lo
cual va a hablar Ángel
Berrío posteriormente, es que la innovación tecnológica requiere de un
continuo aprendizaje, de un permanente enriquecimiento de saberes, de un
permanente revisar, reconfigurar y crear conocimientos. Porque la innovación
tecnológica no es más que el conocimiento colocado en el contexto de su
aplicación y extendido para su uso, en la producción de bienes de
servicios materiales tangibles e intangibles y como digo, no hay
posibilidades de innovar si no hay aprendizaje. Por supuesto, el proceso
de innovación tecnológica, hoy día, va a estar favorecido y
dependiente de las nuevas
tecnologías de información y comunicación. Pero la innovación tecnológica
no exclusivamente tecnológica. Es más, no hay innovación tecnológica,
si primero no hay innovación social-psicológica. El primer cambio que
debe haber, la primera innovación que debe ocurrir, está a este nivel,
al nivel psicológico y al nivel social. Por más que hagamos esfuerzos en
difundir innovaciones de carácter técnico, si primero no hay una
innovación en nuestro modo de pensar, en nuestras visiones el mundo, que
debemos compartirla, lógicamente, no vamos a lograr la innovación tecnológica.
Nada valdrá tener la más sofisticada plataforma comunicacional y telemática
si antes no hay una innovación social.
Tal
y como está concebido y planificado, el proyecto de fortalecimiento del
sector biotecnológico en apoyo a la seguridad alimentaria que actualmente
ejecuta el FONACIT, en conjunto con sus cuatro institutos de adscripción,
no es más que un proceso de gestión del conocimiento. Claro, necesita
una inversión, una organización, una infraestructura, una normativa, una
regulación, pero, sobre todo, un compromiso de todos. ¿Qué beneficios
tiene esta visión? Mejora el desempeño organizacional, mejora la
capacidad de toma de decisiones, reduce el costo de operaciones, y mejorar
el servicio hacia el cliente. La satisfacción del cliente se convierte en
objetivo primordial. De allí nuestro interés no sólo en crear redes de
comunicación entre investigadores y tecnólogos sino de involucrar a los
productores que van a ser los usuarios de estas aplicaciones de
biotecnología en las que estamos trabajando. Lógicamente, no sólo a
nivel del FONACIT, básicamente a nivel de las empresas, todo este
esfuerzo debe incrementar el valor financiero de las instituciones, sobre
todo en su intangible, su capital intelectual, que no sólo son sus científicos
y los tecnólogos, son también los productores unas vez que captan,
internalizan, aplican y mantienen la aplicación de las herramientas
biotecnológicas. Todos ellos
son parte de ese capital intelectual que gestiona conocimiento (Figura 6).
Hay
cinco factores contextuales muy importantes (Figura 3). Por una parte está
el entorno, que determina el contexto de la relación. Por otra parte está
el contexto de la fuente, donde existen paquetes de conocimiento tácito,
gente, herramientas, rutinas creativas, procesan y ofrecen un conocimiento
tácito a aquel que lo busca. Por otra parte, está el contexto del
recipiente, donde la captación de ese conocimiento, su procesamiento, la
internalización y creación de nuevo conocimiento, crean nuevos paquetes
de conocimiento internalizado. Si no compartimos conocimientos, no vamos a
crear nuevos conocimientos. En un entorno científico e interinstitucional
hay información como recurso, hay información como proceso y hay
conocimiento como producto, siempre y cuando haya una gestión que implica
herramientas, decisiones políticas,
recursos y
aprendizaje. Dentro
de los públicos que nos interesan se encuentran investigadores,
productores, agroindustria, cadenas de distribución, investigadores y técnicos
de otras instituciones -no necesariamente agrícolas, nacionales e
internacionales- extensionistas, capacitadores, promotores del desarrollo,
opinión pública en general, planificadores, agencias e instituciones de
educación y salud, comercializadores y distribuidores de insumos,
formuladores de políticas, líderes y dirigentes del gobierno central,
estadal y local. Por ejemplo, habría que cambiar esa percepción de no a
los transgénicos que practican algunas de las altas autoridades,
profesores y estudiantes universitarios, comunicadores sociales, y, en
general, todos aquellos implícitos en el sistema de ciencia, tecnología
e innovación. | ||||||||||||
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Referencia de este artículo: Romero, A. 2005.
Acerca
de la Gestión del Conocimiento y la Innovación Tecnológica en el
Proyecto BID/FONACIT II Revista Digital CENIAP HOY Número 8,
mayo-agosto 2005. Maracay, Aragua, Venezuela. DERECHOS
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