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Revista Digital del Centro
Nacional de Investigaciones Agropecuarias de
Venezuela |
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LA RABIA: UNA ZOONOSIS MORTAL Sanidad Animal | ||||||||||||||||||||||||||||||||
La rabia es una enfermedad infecciosa aguda de etiología viral, que afecta el sistema nervioso central de una gran cantidad de mamíferos salvajes y domésticos de todas las edades, incluyendo al hombre. Esta enfermedad continúa siendo un problema de salud pública importante en muchos países en desarrollo. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que cada año mueren 55.000 personas de rabia en el mundo. Debido al carácter zoonótico de esta enfermedad y a que la mortalidad es del 100%, se hace necesario mantener una vigilancia epidemiológica permanente, con el objeto de controlar la aparición de brotes de rabia en los animales o de casos en la población humana, ya que una vez que los síntomas se desarrollan es fatal. El virus de la rabia pertenece a la familia Rhabdoviridae, género Lyssavirus, que incluye los virus de la rabia (infecta mamíferos salvajes, domésticos y humanos), Lyssavirus 1 del murciélago europeo (humano y murciélagos), Lyssavirus 2 del murciélago europeo (humano y murciélagos), Lyssavirus del murciélago australiano (murciélagos y humanos), Lagos bat (murciélagos), Mokola (humanos, caninos, gatos), Duvenhage (humanos y murciélagos), Obodhiang (mosquitos) y Kotonkan (mosquitos). El virión de la rabia tiene forma de bala, con 180 nm de largo y 75 nm de diámetro. Presenta una envoltura externa derivada de la célula hospedadora y un core interno formado por la ribonucleoproteína. Este core contiene una única cadena de ácido ribonucleico de polaridad negativa. La replicación del virus ocurre en el citoplasma de las células infectadas. La enfermedad presenta dos ciclos de transmisión: urbano y salvaje. La principal fuente de infección en el ciclo urbano son los perros y los gatos. En el ciclo salvaje, los murciélagos y carnívoros son los que trasmiten la enfermedad. El virus de la rabia se encuentra en la saliva que entra al cuerpo a través de una mordedura o una herida abierta. El virus inicialmente se replica en el sitio de inoculación y viaja desde allí en forma centrípeta, a través de los axones al cerebro, a una velocidad de 3 mm por hora. Una vez que el virus alcanza el cerebro, se disemina de manera centrifuga a otros órganos. La diseminación a las glándulas salivares, que representa la fase final de la infección es importante para la transmisión a otros animales o al humano. Los órganos donde se puede encontrar el virus incluyen papilas gustativas, glándulas adrenales, páncreas, riñón, músculo cardiaco, folículos pilosos de la piel de la nuca, retina y cornea. La rabia está ampliamente distribuida en todos los continentes. Muchos territorios libres de rabia pertenecen a países desarrollados y en su mayoría son islas. Por ejemplo: Japón, Nueva Zelanda, Fiji, Reino Unido y Australia. Muchas especies de mamíferos en el mundo están involucradas en el mantenimiento y la transmisión de la rabia a los humanos. Los principales reservorios en Norteamérica y Europa incluyen carnívoros salvajes como zorros, mapaches, coyotes, chacales y zorrillos. En las regiones ecuatoriales de Asia, África y América Latina, el perro doméstico juega un papel importante como vector del ciclo urbano de la enfermedad. También los murciélagos hematófagos son transmisores de la rabia a los humanos, pero en mayor proporción en el ciclo salvaje. Según cifras de la OMS, los niños de 5 a 15 años de edad representan 40% de la población expuesta, por mordidas, en las zonas donde la rabia canina predomina. La mayoría de estas mordidas no son reportadas a tiempo, por lo que muchos no reciben el tratamiento post-exposición requerido y la muerte se presenta sin tener un diagnóstico definitivo. La aparición de los síntomas en el humano depende del sitio de localización y severidad de la mordida. Es mucho más rápida cuando se localiza en la cabeza, cara, miembros superiores y más lentos cuando se produce en piernas y tronco. La mayoría de los casos de rabia en humanos son atribuidos a la mordedura de un animal infectado. Otros medios de transmisión, poco frecuentes, son: inhalación de aerosoles en cuevas donde la población de murciélagos infectados es alta, inhalación de aerosoles en el laboratorio cuando se prepara antígeno rábico y transplantes de tejidos (cornea, riñón) de un donante infectado. El virus no penetra al organismo a través de la piel intacta. El periodo de incubación (el tiempo que transcurre entre la exposición al virus y la aparición de los síntomas) es generalmente de uno a dos meses, pero puede variar de días, a una semana o incluso a varios meses o años. La rabia se inicia con síntomas leves e inespecíficos por dos a 10 días, que incluyen escalofríos, fiebre, dolor de cabeza, fotofobia, anorexia, nauseas, vómito, dolor de garganta y de los músculos esqueléticos, picazón o ardor alrededor del sitio de la mordedura. Durante la fase aguda neurológica, se presenta ansiedad, agitación, hipersalivación, parálisis y episodios de delirio. Posteriormente se observa parestesia, debilidad, parálisis flácida y coma. La muerte se produce por parálisis respiratoria. No existen casos documentados de recuperación espontánea a la enfermedad. En la mayoría de los casos el diagnóstico se realiza post-mortem, mediante detección del antígeno viral por técnicas de inmunofluorescencia directa en impresiones del cerebro de la persona fallecida, inoculación del material sospechoso en ratones lactantes o cultivo en líneas celulares estables BHK 21 (riñón de hamster bebé). En pacientes que presentan los síntomas clínicos se puede detectar el ácido ribonucléico viral mediante reacción en cadena de la polimerasa (PCR), en muestras de líquido cefalorraquídeo, saliva o biopsias de piel (sitio de la mordedura o nuca), o por detección de anticuerpos antirábicos en suero sanguíneo. En caso de haber sido mordido por un animal, se recomienda limpiar bien la herida con agua y jabón y buscar asistencia médica inmediata y se debe intentar reunir la mayor cantidad de información posible acerca de dicho animal. Igualmente, debe contactarse a las autoridades sanitarias de la localidad encargadas del control de animales para confinar el animal, si es posible, y si se sospecha la presencia de esta enfermedad, observarlo y hacer los exámenes respectivos. Si hay riesgo de rabia, el tratamiento inmediato (aplicado uno o dos días luego de la mordedura) consiste en realizar una inmunización pasiva con inmunoglobulina específica y/o inmunización con vacunas antirrábicas, las cuales son 100% efectivas. En una persona no tratada eficazmente, una vez que los síntomas clínicos aparecen, la muerte es inevitable. Mientras el virus de la rabia se mantenga en los animales salvajes, será muy difícil su erradicación completa. En los países desarrollados, el control y exterminio de la rabia salvaje se ha logrado utilizando vacunas recombinantes colocadas en cebos que son arrojados, en algunos casos por vía aérea, en las zonas selváticas. En el caso de la rabia urbana, se deben tomar las siguientes medidas: Hacer exterminio periódico de los animales callejeros Concientizar al público en general de la importancia de vacunar a los perros y gatos anualmente Establecer e impartir programas de orientación a los profesionales de la salud (médicos, enfermeras, bioanalistas) sobre la importancia y la existencia en el país de esta zoonosis, síntomas, tratamiento profiláctico y diagnóstico diferencial con otras encefalitis virales (Encefalitis Equina Venezolana, Herpesvirus) Las autoridades sanitarias deben realizar capturas periódicas de murciélagos, a fin de clasificarlos, y tratar a los vampiros para reducir su número. En Venezuela, el mantenimiento de la enfermedad en la naturaleza se debe principalmente a la transmisión del virus a través de dos especies de animales reservorios, murciélagos y caninos. En nuestro país existen 3 especies de murciélagos hematófagos o vampiros: Desmodus rotundus, Dyphyla ecaudata y Diaemos youngi, siendo el primero el más común. Estas especies están distribuidas en todo el territorio nacional. En la actualidad, la rabia canina se encuentra ubicada en varias zonas urbanas del estado Zulia. En el año 2004 se reportaron 176 casos de rabia canina y 8 casos en felinos en el estado Zulia. Ocurrieron 5 fallecimientos por rabia en humanos, 3 en el estado Zulia y 2 en el estado Sucre, ya que el tratamiento se aplicó tardíamente, cuando ya los síntomas de la enfermedad eran evidentes. Los vectores involucrados fueron los caninos en los casos del estado Zulia y los murciélagos en los casos del estado Sucre. A pesar de que la rabia se conoce en el mundo desde tiempos remotos y del inevitable y fatal desenlace que produce, en el mundo continúan produciéndose anualmente miles de pérdidas humanas por este terrible virus. Es por esta razón que el público en general y las autoridades sanitarias deben estar alertas y concientes de la existencia de esta enfermedad, con el fin de prevenirla y evitar pérdidas humanas innecesarias.
Nota de los editores | ||||||||||||||||||||||||||||||||
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Referencia de este artículo: Hidalgo Díaz, Mayra A. 2005. La rabia: una zoonosis mortal. Revista Digital CENIAP HOY Número 7 2005. Maracay, Aragua, Venezuela. URL: www.ceniap.gov.ve/ceniaphoy/articulos/n7/arti/hidalgo_m/arti/hidalgo_m.htm Visitado en fecha:DERECHOS
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