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Revista
Digital del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Venezuela |
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Manual Técnico para la Propagación de Musáceas Gustavo Martínez*, Omar Tremont** y Julitt Hernández*** * CENIAP/INIA, Maracay |
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Introducción
Los cultivos de plátano, banano y topocho, pertenecientes a la familia de las musáceas, poseen una importancia económica significativa para la economía agroalimentaria del país, y constituyen un componente básico en la dieta de gran parte de la población. Tienen la singular y particular incapacidad para producir semillas viables y solo es posible la reproducción y perpetuación de la especie a través de la propagación vegetativa o asexual (plantas agámicas). Por lo tanto, las "semillas" utilizadas para la siembra corresponden a partes vegetativas: retoños, cormos o hijos que, una vez separados de la planta madre, pueden realizar su ciclo de crecimiento y producción. La selección del material de propagación es el primer paso para iniciar la siembra comercial del cultivo, y la mayor parte de los productores utilizan "semillas" provenientes del deshije (labor básica y necesaria en estos cultivos) por lo que no representa un incremento significativo en los costos de producción y por ser considerado como lo más practico y sencillo a nivel de campo. Sin embargo, existe una alta probabilidad de diseminación de plagas u otros agentes dañinos, dentro de la plantación al no existir los cuidados y precauciones fitosanitarias necesarias (Nava, 1980; Tezenas, 1985; Sandoval et al., 1991) entre los cuales se pueden mencionar el complejo de nematodos (Radopholus similis, Helycotlenchus, Pratylenchus spp.), el gorgojo o picudo (Cosmopolites sordidus), los hongos Marasmiellus troyanus y Fusarium oxysporum sp. Cubense, las bactaerias Erwinia caratovora y Pseudomonas solanacearum (Fenjves; Nava y Sosa; Ordosgoytty et al.; Yépez et al., citados por Nava y Villarreal, 1980) y, por último, semillas de maleza, entre las cuales se encuentran especies como corocillo (Cyperus diffusus), paja pelua (Rotiobollia exaltata), falso Jonson (Sorghum halepense), gamelote (Panicum maximun) (Navas y Villarreal, 1980). Todos ellos pueden ir con la semilla, sobre todo en las condiciones de la zona de producción del Sur del Lago de Maracaibo, donde el agricultor siembra semillas sin selección ni tratamiento de ningún tipo, lo que facilita la dispersión de tales agentes dañinos en las nuevas plantaciones (Nava y Villarreal, 1980). Lo más recomendable es que el agricultor seleccione el material de siembra o "semilla" a partir de plantas madres vigorosas, sin signos visuales de ataques de plagas y enfermedades, realizando limpieza y desinfección del mismo. los hijos seleccionados deben ser tipo espada, evitando el uso de aquellos catalogados como orejones o de agua, debido que han perdido su vitalidad por distintas razones como desbalance nutricional, estrés hídrico, entre otros. De igual forma, cabe destacar que generalmente estas "semillas" presentan tamaños y edades variables, que originan plantas con diferentes vigor, ocasionando diferencias marcadas en la época de maduración y cosecha. Ello implica la necesidad de utilizar mayor cantidad de jornales e insumos, así como ajustes en las actividades relacionadas con la comercialización del producto. Uno de los principales factores de éxito en la explotación comercial de estos cultivos es la obtención y disponibilidad de "semillas" o material de propagación en cantidad suficiente y calidad adecuada, sin que ello implique un aumento desmesurado en los costos; y no menos importante es el establecimiento en campo de plantaciones homogéneas, con crecimiento vigoroso, que faciliten las labores de mantenimiento y fructificación uniforme. La disponibilidad de un material de siembra en óptimas condiciones (apariencia deseable, excelente aspecto fitosanitario, entre otras) que facilite la instalación de sistemas de producción con plantas uniformes en su tasa de desarrollo fisiológico, y que permita realizar labores de cosecha de la manera más eficiente, solo ha sido posible a través del uso de vitroplantas (provenientes de biotecnologías como el cultivo de tejidos in vitro), pero a un costo relativamente elevado, limitando al pequeño y mediano productor para su adquisición. No obstante, a través de una selección exhaustiva de plantas en la etapa de vivero, sometidas a un control estricto, también ha sido posible lograr este objetivo; para lo cual es necesario la aplicación de medidas fitosanitarias, junto con las prácticas normalmente utilizadas en el manejo tecnificado de la plantación, donde se pueden considerar aquellas aplicadas a las semillas: pelado, tratamientos químicos y físicos (calor), establecimiento de rango de tamaño (pequeña, mediana, grande) entre otras (Nava, 1980; Nava et al., 1980). Existen diversos métodos y formas de propagación, con diferentes variantes (Adelaja, 1995; Alves y Oliveira, 1993; Belalcazar, 1991; Bonte et al., 1995; Haddad et al., 1994), pero ninguno de estos sistemas de propagación, incluyendo aquellos relacionados con la biotecnología, garantizan totalmente la producción de materiales libres de algunos virus y bacterias. El objetivo de este artículo es divulgar las bases conceptuales de la propagación de musáceas y dar a conocer los fundamentos de las técnicas más utilizadas, así como caracterizar algunas alternativas que faciliten esta labor. Se indica además, el uso de abonos orgánicos como herramienta antes de la siembra en campo, con el fin de obtener plantas vigorosas, de tamaño uniforme y excelente calidad, aumentando las posibilidades de lograr el establecimiento de plantaciones homogéneas y consecuentemente mejorar los rendimientos. La información está basada en resultados obtenidos en ensayos de campo, en las experiencias de los productores y en una extensa revisión bibliográfica. Morfología de las musáceas Desde el punto de vista taxonómico los plátanos, bananos y topochos se ubican dentro de la familia botánica de las Musáceas, genero Musa, consideradas como hierbas estoloníferas perennes, (Belalcazar, 1991; Simmonds, 1973); con ausencia de semillas viables en la mayoría de los casos, que permitan su propagación sexual. Debido a esto, su reproducción es estrictamente vegetativa, a través del uso de hijos o retoños; lo cual implica que la obtención de "semilla" de calidad sea difícil y requiera de mayor tiempo y esfuerzo. Las musáceas se caracterizan por presentar dos etapas importantes durante su desarrollo:
En ambas etapas se define el origen y conformación de los hijos, que podrán ser utilizados como reemplazo de la planta madre o como nuevas unidades de producción. En este sentido, para comprender mejor el principio de las técnicas de propagación es necesario conocer la estructura básica del cormo. La Figura 1 presenta el corte longitudinal de un cormo de plátano, apreciándose en la parte superior cómo las bases de las vainas de las hojas se encuentran dispuestas una sobre otra, formando una bóveda que recubre y protege la yema central o apical (meristemo), responsable de la actividad vegetativa y productiva de la planta madre. En el punto de intercepción de cada base de las vainas, ubicado en el nudo, se origina la yema lateral que puede estar fisiológicamente activa o latente, y su desarrollo permitirá la emisión de los hijos. El número de estas yemas y el estado fisiológico que presentan (activa o latente), dependerá del tipo de clon a utilizar (plátano, banano o topocho), tamaño y edad del cormo, entre otras. Su desarrollo está controlado por un conjunto de procesos fisiológicos, que incluye posiblemente reguladores del crecimiento, capaces de inhibir la activación, desarrollo y crecimiento de estas yemas, mientras la yema apical se encuentre en crecimiento activo, el cual ha sido denominado "efecto de dominancia apical", y cesa al momento de producirse la cosecha (Belalcazar, 1991), o cuando la yema apical es destruida por el hombre o por fenómenos naturales (inundaciones, sequías), entre otros. Sistemas de propagación Con base en las consideraciones anteriores, es evidente que la propagación comercial de las musáceas obedece sólo a métodos asexuales, existiendo sistemas o técnicas que varían esencialmente de acuerdo con el tipo y disposición de infraestructura, costos y capacitación técnica necesaria. A continuación se realizará de manera sencilla una descripción de los sistemas más utilizados, tomando en consideración que aun cuando la técnica citada esté basada en fundamentos muy sencillos, deberá tomarse en cuenta las normas elementales de asepsia para su ejecución, con el fin de evitar en lo posible la contaminación de otros materiales y nuevas áreas de siembra. Para facilitar la compresión y aplicabilidad de los sistemas, en el Cuadro 1 se presenta un resumen comparativo de los mismos, resaltando las características más importantes de cada uno.
Propagación tradicional (Uso de hijos o retoños) En Venezuela, la mayoría de los pequeños productores utilizan un sistema de siembra caracterizado por la escasa o ninguna aplicación de practicas culturales básicas (riego, fertilización, control de malezas y plagas, entre otras), destacando el hecho de que las plantas se encuentran bajo libre crecimiento, por ausencia de labores de deshije, con el consecuente alto índice de competencia entre ellas. Un caso particular es referido a la zona Sur del Lago de Maracaibo, donde esta condición prevalece durante el primer ciclo, ejecutando después de la cosecha el descepe y deshije (Nava, C. 2003. Comunicación personal. Facultad de Agronomía/LUZ). Esto refleja un bajo perfil de mantenimiento de las plantaciones, afectando directamente el rendimiento y sus componentes, la calidad del producto final, y la formación de retoños o hijos de reemplazo utilizados para dar continuidad a los sucesivos ciclos del cultivo o para extender la superficie de siembra. Por consiguiente, el material de propagación usado en este sistema proviene generalmente de la misma plantación, y bajo las consideraciones anteriores que reflejan condiciones de extrema competencia por agua, luz y nutrimentos entre plantas, hacen evidente que el desarrollo y crecimiento de las futuras plantas madres sea afectado. Sin embargo, al realizar periódicamente las labores de deshije, equivalente a una "cosecha de hijos", se puede incrementar la calidad de estas semillas, las cuales deberán ser sometidas a una previa selección, como se ilustra en la Figura 2.
La eficiencia del sistema, expresado a través de la tasa de propagación de hijos, es baja, estimándose que la producción de hijos en una hectárea puede proveer "semilla" para sembrar una superficie entre 1000 a 2500 m2 (Martínez et al., 2000); además, existe el riesgo de diseminación de plagas y enfermedades (Sandoval et al., 1991; Tezenas, 1985). Se le considera el sistema de propagación más antiguo utilizado en musáceas, estrechamente relacionado con la historia del mismo, logrando trascender de una generación a otra. Se recomienda la desinfección antes de la siembra, tanto de las herramientas de trabajo como de los cormos, para asegurar el éxito de la práctica. Propagación por división de cormos (Plantas jóvenes y/o cosechadas) Esta técnica ha sido utilizada en diferentes países (Cordeiro y Dos Santos, 1991; Crops Research Institute, 1995, Adaleja, 1995), y en Venezuela fue aplicada por primera vez por Hadad et al. (1994) con notable éxito. A partir de este momento ha sido adoptada como alternativa de propagación rápida y masiva, pudiendo ser aplicada a cormos provenientes de plantas jóvenes o recién cosechadas. Para su aplicación es necesario ubicar e identificar las yemas presentes en el cormo, lo cual permitirá que el sistema sea altamente eficiente. A continuación se describe de forma general los pasos a seguir para su aplicación (Haddad et al., 1994):
4) Exposición de las yemas: con el cuchillo se corta la base de la hoja más externa hasta llegar a la siguiente (Figuras 3b, 3c), quedando expuesta una yema lateral en un punto en forma de "V" formado por la intercepción de las bases de las hojas (Figura 3d). Este procedimiento se realiza sucesivamente hasta que visualmente se evidencie la presencia de yemas. 5) Corte: una vez descubiertas todas las yemas posibles en el cormo, se procede a realizar cortes en secciones, similar al corte hecho sobre un pastel (Figura 3e), tratando en lo posible de dejar en cada sección una yema visible (Figura 3f). 6) Siembra: las secciones obtenidas serán sembradas en canteros previamente preparados o directamente en bolsas plásticas, tratando en lo posible que la yema se encuentre cubierta por tierra o el sustrato utilizado, y que esté cercana a la superficie. En esta etapa se deberá suministrar riego, evitando la saturación y condiciones de estrés hídrico. Se estima que las plantas estarán aptas para la siembra en campo en un periodo mínimo de 45 días. El proceso de desarrollo y crecimiento puede ser condicionado y acelerado al aplicar una fuente de nitrógeno; sin embargo su uso excesivo puede originar fototoxicidad. Experiencias en campo señalan que es posible obtener un promedio de 7 plantas, con desarrollo homogéneo, generadas a partir de un cormo, permitiendo además realizar la selección de éstas basados en el vigor (Martinez, G. 2002. Propagación por secciones de cormo. Comunicación Personal. Maracay, CENIAP/INIA); sin embargo, Cordeiro y Dos Santos (1991) señalan que el rendimiento de plantas por cormo es de 10 plantas que pueden ser transplantadas al campo en un periodo de nueve meses. En una prueba realizada con el clon de banano ‘Lacatan Carrasquero’ (Musa AAA), se observa que a mayor tamaño del cormo, se incrementa el número de secciones obtenidas, pudiéndose estimar el posible numero de plantas a producir, si clasificamos los cormos por clases de pesos, antes de dividirlos, como se observa en la figura 4 (Tremont, O. 2002. Resultados prueba de campo en invernaderos Comunicación Personal. Coro, Facultad Agronomía.UNEFM).
Propagación por división de brotes (plantas jóvenes y/o cosechadas) Esta técnica es considerada como una variante del sistema anterior, y de igual forma pueden utilizarse cormos provenientes de plantas jóvenes o recién cosechadas. La metodología utilizada por Adelaja (1995) indica que el cormo se divide en 4 a 8 porciones (asegurándose que cada sección debe poseer por lo menos una yema), que son sembradas en canteros, los cuales deberán de emitir nuevos brotes a partir del día 15. En ese momento, estos brotes son divididos cada uno en cuatro partes, que son tratados y sembrados exactamente como el conjunto del cormo original. En muchos casos, algunos de estos brotes divididos producen meristemas múltiples, que pueden ser separados y sembrados. A través de esta variante se puede obtener mas de 500 retoños de un solo cormo en un periodo de ocho meses. Propagación por ablación (ruptura o eliminación) de la yema central La "ablación de la yema central" consiste en eliminar la yema apical con el fin de "romper" la dominancia apical para inducir la activación de las yemas laterales y producir mayor número de hijos por cormo, tanto en plantas cosechadas como en plantas jóvenes, que pueden permanecer en el campo o llevadas a vivero (sometidas a una selección previa) para mejor control (Figura 5). El numero de hijos generados dependerá de varios factores como el tipo de clon, condiciones fisiológicas de la planta, condiciones climáticas, entre otras. Experiencias a nivel de campo con el clon de plátano ‘Hartón enano’ indican que puede obtenerse un promedio de cinco hijos aptos para la siembra directa en campo, en un periodo de 3,5 meses (Martínez et al., 2000). Tanto la división de cormos como la ablación son consideradas herramientas útiles para la propagación masiva, no requieren de equipos especiales o insumos que puedan llegar a incrementar los costos, y es de fácil manejo por el productor.
Propagación a través del uso de hijuelos o cormitos (variante de la ablación de yema central) El peso no debe ser menor de 150 g, y para reducir el riesgo de diseminar plagas a otras áreas se recomienda pelarlos antes de la siembra con el cuidado de remover solo las raíces y la capa superficial de la corteza, tratando de mantener la conformación original del mismo. El momento de ser llevadas a campo, estará determinado por la presencia de cuatro hojas verdaderas y una altura de 20 a 25 cm. A través de esta técnica se obtiene una reducción en los costos de aquellos productores que deseen renovar o incrementar su área de siembra, sobre todo aquellos que se encuentran en áreas de difícil acceso (Marcelino L. 2001. Investigación y Desarrollo para el manejo tecnificado del plátano (correo-e) Instituto Investigación Agropecuaria de Panamá). Grisales (1994) señala que el desarrollo de las plantas madres en campo se estimula exponiendo y aporcando el cormo de planta sanas y vigorosas. Al iniciarse los brotes, los retoños de 3 a 5 cm de altura, con peso promedio de 200 a 250 g, se separan de estos cormos y son sembrados en bolsas plásticas con suelo rico en humus, colocándose posteriormente en sombra parcial, aplicando una vez al mes 5 g de nitrógeno por bolsa y regadas regularmente. Las plantas pueden ser transplantadas después de dos meses, cuando tengan entre tres a cuatro hojas desarrolladas.
Esta variante está basada en el sistema anterior, y las experiencias en campo indican que los brotes originados son retirados de la planta madre al mes de desarrollo, los cuales son sembrados en un cantero previamente acondicionado o en bolsas plásticas, aplicando suministro constante de agua sin llegar a la saturación, y una fuente de nitrógeno; ello refleja el cuidado requerido para esta variante (Figura 6). En el sur del Lago de Maracaibo algunos productores toman yemas de los cormos cosechados y los llevan a vivero, para dar formación a los denominadas "plántulas obtenidas en la finca" (Nava, C. 2002. Com. Personal. Maracaibo, Facultad de Agronomía, Universidad del Zulia). Propagación a través de "vitroplantas" Se caracteriza por tener la capacidad de generar gran cantidad de plantas para la siembra en mediano plazo, en estado fitosanitario relativamente óptimo, en relación con algunas enfermedades. A partir de un ápice es posible lograr en el lapso de un año, centenares de plantas libres de nematodos, hongos, y de algunos virus y bacterias en comparación con el sistema tradicional (Sandoval et al., 1991). A nivel comercial, se basa en el uso exclusivo del meristemo o yema central para la propagación in vitro. Este sistema presenta gran ventaja cuando se desea realizar intercambio de plantas (germoplasma) o siembra de musáceas en áreas relativamente nuevas. Pero el tipo, cantidad de insumos e infraestructura necesaria para garantizar un ambiente aséptico, incrementan los costos operativos y, consecuentemente, los costos del producto (plántulas) en relación con los sistemas de propagación antes mencionados. Ello constituye una de las principales desventajas para su uso masificado, principalmente entre los pequeños y medianos productores (Grisales, 1994). La Figura 7 muestra plántulas de musáceas en frascos de vidrio con un medio nutritivo, en condiciones de luz, temperatura y humedad controlada.
Propagación y producción simultánea (PPS) El Sistema de propagación y producción simultánea (PPS) fue diseñado y validado experimentalmente en el campo experimental CENIAP-INIA (Martínez et al., 2000) y tiene como funciones básicas la propagación de materiales de musáceas y la producción de frutos simultáneamente. Se basa en: (1) establecimiento de un plantel de plantas madres provenientes de cultivo in vitro, con el fin de disminuir al mínimo la posibilidad de incidencia de plagas y enfermedades. Nava (2003) (Comunicación personal. Facultad de Agronomía/LUZ) sugiere que el material a utilizar provenga de la misma zona agroecológica; (2) manejo de alta densidad de siembra, donde la mitad de la población es destinada para el establecimiento del cultivo y la otra para la producción de "semillas"; y (3) la inducción de brotes laterales con ablación de la yema central. Fase 1 Se parte de la premisa de una siembra de banano con distancia de siembra comercial de 2,2 x 2,2 m, donde se pretende cubrir 40 ha; y sólo existen disponibles para el momento de la siembra de 4132 plántulas de cultivo in vitro, que serán sembradas en el campo a una distancia de 1,1 x 1,1 m en cuadrados, representando el plantel inicial (superficie 0,5 ha). De este plantel, únicamente 1033 plantas serán destinadas a la siembra comercial (2,2 x 2,2m), siendo denominadas plantas ‘X’; y las 3099 restantes destinadas exclusivamente para la producción de "semillas" (1,1 x 1,1 m), denominadas ‘Y’ (Figura 8). Fase 2 Cuatro meses después de la siembra se elimina la parte aérea a todas los plantas, y se realizara ablación de la yema central. Experiencias a nivel de campo nos indican que las plantas intermedias denominadas ‘Y’ pueden generar 3 hijos como mínimo, los cuales serán removidos conjuntamente con la planta madre; mientras que del total de hijos generados por las plantas denominadas ‘X’, solo 2 serán removidos posteriormente, quedando en el sitio los hijos que se dejaran como la planta madre y el reemplazo. Fase 3 Cinco meses después de realizar la ablación, se llevara a cabo la "cosecha de hijos", equivalente a un total de 11363, donde 2066 provienen de las plantas ‘X’, y 9297 de las plantas ‘Y’, que serán sembrados en terreno previamente preparado, lográndose extender la siembra comercial; existiendo para esta etapa 0,5 ha en proceso de producción de frutos y 1,4 ha para iniciar el ciclo de propagación y producción simultanea. A partir de este momento se repetirá el mismo procedimiento, siguiendo el orden de las fases antes señaladas hasta lograr la propagación de hijos necesarios para cubrir la meta fijada (40 ha), que se llevara a cabo en el termino de 36 meses, sin inhibirse de la producción de frutos para la venta; pudiéndose tomar decisiones en cuanto a la superficie total a sembrar o bien continuar con la propagación para fines comerciales o venta de "semillas", bajo estricto control fitosanitario (Cuadro 2). La ilustración de este ejercicio permite realizar cálculos basados en la superficie preestablecida, y el tiempo requerido para cubrir las metas dependerá de la cantidad de plantas existentes al momento de iniciar este sistema. Por lo tanto, si existe una cantidad de plantas superior a las utilizadas para realizar el ejercicio anterior, el tiempo necesario para cubrir la superficie de 40 ha será menor.
Este modelo permite al productor ampliar la superficie de siembra en forma escalonada, así como ajustar el sistema de producción instalado. Se recomienda para zonas donde las musáceas se siembran por primera vez, debido a que se parte del hecho que el grupo de plantas necesarias para iniciar esta explotación son plántulas de cultivo in vitro, lo cual garantiza el manejo de un material en estado fitosanitario optimo.
Uso de fuentes orgánicas como herramienta en la propagación de musáceas En la actualidad existe una creciente demanda mundial por productos orgánicos de bajo costo y riesgo ambiental, los cuales adquieren importancia relevante sobre todo en suelos degradados por manejos inadecuados y con baja capacidad de retención de nutrientes. La acción de diversos mecanismos relacionados con la materia orgánica, donde los microorganismos existentes contribuyen con la mineralización e inmovilización de nutrimentos, pueden estar relacionados con múltiples procesos biológicos en los cuales interactúan paralelamente raíces y compuestos del suelo, dando origen a minerales en formas disponibles para las plantas. Esto refleja la gran importancia de estos procesos y la presencia de los microorganismos en el suelo; por cuanto el incremento de la cantidad y actividad de los mismos, está en relación directa con la incorporación de compuestos orgánicos al suelo (Fernández, citado por Pineda, 1996). El empleo de fuentes orgánicas se indica principalmente como fertilizantes destinados al suelo o follaje de plantas establecidas y no es señalado como tratamiento presiembra para el acondicionamiento de material de propagación. Sin embargo, Tremont y col, en el 2002 (Ensayo con plátano FHIA-21 y humus de lombriz en la E.E. INIA Amazonas. No publicado), al utilizar humus de lombriz roja californiana (Eisenia foetida) como tratamiento de inmersión durante una hora de secciones de cormo de plátano FHIA-21, observó que la altura media del brote en las secciones tratadas fue significativamente superior al testigo durante todas las fechas de medición (Figura 2 y 3), al igual que la emisión foliar, con marcada diferencia al registrarse para el día 107 un numero de hojas promedio de siete hojas mientras que el testigo fue de cinco, siendo evidente mayor vigor expresado tanto en la altura de las plantas como en las hojas. Su aplicación como herramienta dentro de la técnica de división de cormos permitiría la obtención de material de propagación vigoroso en menor tiempo y en mayor cantidad, en comparación con los sistemas tradicionales. De igual manera, Martínez et al. (2000) utilizaron cormos enteros de banano "Pineo gigante" (Musa AAA), para evaluar el efecto de diferentes tiempos de inmersión (60, 30 y 15 minutos) de los cormos, con diferentes concentraciones de humus líquido (100, 50 y 25%), sobre su crecimiento y desarrollo; observando que en el tratamiento donde los cormos fueron sumergidos en humus al 100% durante 60 minutos todas las plantas (número de observaciones) se agrupan entre seis y ocho cm de altura. A medida que disminuye el tiempo de inmersión y concentración, las observaciones agrupan diferentes valores de altura, hasta llegar al testigo donde las plantas presentaron las mayores diferencias en alturas (Figura 9).
Este factor debe ser considerado para la siembra en campo, debido a que plantas con diferentes tamaños, originarán plantaciones desuniformes, con las consecuentes implicaciones económicas para su manejo y cosecha. Las diferencias en altura entre el testigo y los tratamientos con humus indican que esta solución puede actuar como fuente de nutrimentos o en la activación de procesos fisiológicos que inducen a una brotación precoz y mayor crecimiento (Martínez et al., 2000; Martínez et al., 2001).
Los resultados obtenidos en ambas experiencias están muy correlacionados, pudiéndose señalar que:
Consideraciones finales Dada la naturaleza de las plantas de musáceas, consideradas como hierbas estoloníferas perennes, incapaces de producir semillas viables que aseguren la perpetuación de la especie por la vía sexual, la única vía de propagación, y que a la vez permita la siembra, renovación y/o expansión de nuevas áreas, es a través de la reproducción asexual con el uso de retoños o hijos. Dentro de la problemática que presentan los cultivos de plátano y banano, es evidente la importancia que juegan los materiales de propagación ("semillas"), en la disposición y dispersión dentro de las plantaciones fundadas y en las nuevas plantaciones, de agentes dañinos al cultivo (Nava,1980). La obtención del material de siembra por métodos convencionales (tradicionales), depende de la capacidad que tienen estas plantas para producir los retoños, de las condiciones ambientes, manejo agronómico, entre otros, lo cual delimitara tanto la cantidad y tiempo necesario para su producción. Por cuanto, se considera como un proceso muy lento que requiere de la aplicación de artificios como sustancias naturales o procesadas (fitohormonas), o bien de actividades inherentes al desarrollo de las plantas (aporque, eliminación de la yema apical, entre otras) que estimulen la brotación, acortando el periodo de producción de "semillas". La selección del material de propagación es el primer paso para iniciar la siembra comercial de estos cultivo, y la mayor parte de los productores usualmente utilizan "semillas" provenientes del deshije. Esta forma tradicional de propagación (a través de cormos) se caracteriza por ser lo más practico y sencillo a nivel de campo, permitiendo que el valor de la semilla sea accesible por los productores. Sin embargo, las condiciones en las cuales se encuentran los sistemas de producción, caracterizados por presentar problemas de fertilización, estrés hídrico, ausencia de control de plagas y enfermedades, entre otras, condicionan la calidad y cantidad de semilla a producir (baja eficiencia en la velocidad de propagación, y alto potencial de diseminación de plagas y enfermedades). Geetha et al., 1991 y Pérez, 1992, indican que las plantas originadas de estos cormos generan menores rendimientos que las plantas madres. Pérez, 1992, comparo el método tradicional de siembra de cormos contra sistemas de producción de plantas por medio de cultivos de ápices vegetativos (in vitro) y la propagación rápida (brotes vegetativos), observando que las plantas originadas por el primer método presentaron el menor crecimiento y producción; lo cual indica que el uso de vitroplantas garantiza incremento en la producción, pero su costo limita su uso masificado a nivel del pequeño y mediano productor. Ante esta situación, lo mas indicado es el manejo de plántulas por diferentes métodos a nivel de viveros, donde se aplique un adecuado manejo agronómico con énfasis en la fertilización, intensificando su cuidado que debe de estar basado en las normas básicas de sanidad vegetal a fin de evitar la incidencia o propagación de plagas, y la selección de las mismas debe estar basada en el vigor y apariencia física. Para la instalación de un vivero se recomienda el uso de plantas provenientes de cultivo in vitro, y a partir del momento que se inicie el mismo se podrá aplicar los distintos sistemas de propagación antes señalados, donde se pueden incluir el uso de fuentes orgánicas como fertilizantes u otra alternativa, que faciliten esta actividad (basados en las consideraciones anteriores), con el fin lograr alta eficiencia en cuanto a la velocidad de propagación (tiempo), numero de plantas producidas y calidad (relacionada con el optimo estado fitosanitario y vigor), de tal manera que el producto final presente un costo accesible a nivel del productor, que indiscutiblemente será inferior en relación con las plantas de cultivo in vitro. AGRADECIMIENTO Los autores desean expresar su agradecimiento a los Técnicos Asociados a la Investigación Rafael Pargas y Edwar Manzanilla, del CENIAP-INIA; Jesús García, de la Estación Exp. Amazonas-INIA y al señor Daniel Muñoz, del CENIAP-INIA, por la desinteresada colaboración en la realización de diferentes etapas de este trabajo. BIBLIOGRAFÍA Adelaja B.1995. Técnica de multiplicación rápida en la explotación de bananos y plátanos. Musafrica 12(8):6. Alves E; Oliveira M. 1993. Selección de material de propagación para siembra. CNPMF. Cruz das Almas. 2 p. Compendiado en: Musarama (FR). 1993. 6(3):12. # 2453. Baker W. 1959. A system of maximum multiplication of the banana plant. Tropical Agriculture (TT). 36(4): 275-284. Belalcazar S. 1991. El cultivo del plátano en el trópico. Manual de asistencia técnica # 50. Bogotá. INIBAP/ CIID/ICA/Feder. Nac. de Cafeteros de Colombia. 376 p. Bonte E; Verdonck R; Gregoire L. 1995. Propagación rápida de bananos y plátanos en Camerum. Tropicultura 13(3):109-116. Compendiado en: Musarama (FR). 1996. 9(2):15. # 4023. Cordeiro Z; Dos Santos Soares filho, W. 1991. Propagación de bananos por división de rizoma. EMBRAPA/CNPMF. 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Referencia de este artículo: Martínez, G.; Tremont, O. y Hernández, J. 2004. Manual Técnico para la Propagación de Musáceas. Revista Digital CENIAP HOY. Maracay, Aragua, Venezuela. URL:www.ceniap.gov.ve/ceniaphoy/articulos/n4/texto/gmartinez.htm visitado en fecha: DERECHOS
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