La listeriosis es una enfermedad
infecciosa considerada como una importante zoonosis de
etiología bacteriana, que afecta a los animales
domésticos, silvestres y al hombre, generalmente causada
por Listeria monocytogenes. Su aparición puede
ocurrir esporádicamente o como epidemias, y su
presentación generalmente es de forma subclínica. En
general, es caracterizada por infección del sistema
nervioso central (SNC) forma muy habitual en rumiantes,
que cursa con o sin septicemia, o bien en forma
septicémica exclusivamente, frecuentemente observada en
animales monogástricos. Otras manifestaciones incluyen
abortos, mastitis y queratoconjuntivitis. Los grados de
severidad de la enfermedad van desde la forma aguda y
crónica hasta la de los portadores asintomáticos con
eliminación del agente en heces, orina y exudados. La
enfermedad es de distribución mundial y el agente causal
está repartido ampliamente en la naturaleza, suelo,
vegetación y agua, siendo transportado como un comensal
en el tracto intestinal de muchos animales, así como en
tejidos de una amplia variedad de especies de
vertebrados e invertebrados. Casi todos los animales
domésticos son susceptibles a la enfermedad,
destacándose los ovinos, bovinos y caprinos, muy rara
vez es observada en aves, equinos, suinos, caninos y
felinos. Se presenta con mayor frecuencia en climas
fríos y en época de invierno e inicio de verano;
igualmente existe una fuerte asociación entre la
enfermedad y animales alimentados con ensilado.
Las bacterias del género Listeria
son bacilos anaerobios facultativos, móviles, gram
positivos, constituidos por seis especies: L.
monocytogenes, L. ivanovii, L. innocua, L. seeligeri, L.
welshimeri y L. grayi subs. grayi y murrai.
Listeria monocytogenes es el principal patógeno del
género aunque L. ivanovii comparte ciertas
características con L. monocytogenes, y está
ocasionalmente asociada con abortos en rumiantes, pero
no causa infección del SNC y no tiene significado
patógeno en otras especies animales ni en humanos. Las
otras especies son consideradas no patógenas. Se han
detectado 13 serotipos de L. monocytogenes, sin
embargo, los casos de infección animal y humana son
causados por los serotipos ½a, ½b y 4b.
La listeriosis del SNC es la
presentación más común y debe ser incluida en el
diagnóstico diferencial de rumiantes con cambios
neurológicos. La presentación está condicionada a varios
factores: estresantes, cambios climáticos (especialmente
frío y humedad), inundaciones, sobrepoblación,
transporte, cambios bruscos de alimentación o a la
alimentación con ensilado, especialmente en climas
templados. Aun cuando todos los animales estén
expuestos, son pocos los capaces de desarrollar
listeriosis clínica, lo que está relacionado con la
patogenicidad de la cepa, condición inmune y
predisposición genética del huésped. La
meningoencefalitis puede afectar animales de cualquier
edad pero es más común en rumiantes adultos; sin
embargo, en monogástricos y rumiantes jóvenes la
infección se presenta como una meningitis. La
presentación clínica de la meningoencefalitis en
rumiantes puede comenzar con signos de depresión,
confusión, somnolencia; el animal se separa del grupo,
se apoya contra objetos para sostenerse; desvían la
cabeza de lado y cuando caminan lo hacen en círculos por
lo que se le denomina enfermedad en círculos. Hay
protrusión de la lengua y salivación; puede ocurrir
parálisis unilateral del nervio facial produciendo caída
de la oreja, labio y parpado del lado afectado; puede
presentarse mandíbula caída con pobre masticación. En
etapas finales los animales se postran, entran en coma y
mueren 2 o 3 días después de aparecer los signos
clínicos, y ocasionalmente hasta 7 a 10 días. La
recuperación espontánea de la enfermedad es rara, y si
ocurren los daños neurológicos son permanentes. Las
lesiones macroscópicas por Listeria son pocas o
inexistentes, el líquido cefalorraquídeo aparece turbio
y las menínges pueden presentarse edematosas. Las
lesiones histopatológicas observadas son infiltrados
perivasculares de células mononucleares y ocasionalmente
focos inflamatorios (microabscesos) que contienen
granulositos y células mononucleares. Estas lesiones son
más comunes de encéfalo, tallo cerebral y médula.
L. monocytogenes provoca aborto e
invade el feto y la placenta en una amplia variedad de
especies animales, pudiendo ser seguido o no de
septicemia. El aborto es esporádico, pero puede abortar
hasta 50% de las gestantes infectadas. Típicamente
ocurre en el tercer trimestre de la preñez y puede no
presentar signos clínicos en la hembra. Al producirse la
infección uterina, el feto muere por septicemia. Las
lesiones observadas en la placenta se caracterizan por
focos necróticos y los fetos abortados presentan focos
necróticos en bazo e hígado. El agente puede ser
recuperado de fetos abortados y placenta mediante
cultivo bacteriológico.
La listeriosis sistémica es rara y se
presenta en animales recién nacidos, prematuros o
inmunosuprimidos, presentan pérdida de peso,
debilitamiento y en pocos días mueren. Las lesiones
observadas son necrosis focal del bazo e hígado.
El problema de mastitis en ganado de
leche por L. monocytogenes ha adquirido
considerable atención. Esta infección puede variar en
severidad desde una infección subclínica a una infección
supurativa severa. El agente se encuentra en los
neutrófilos de leches mastíticas y existen evidencias
que esta ubicación intracelular protege a algunas
listerias contra la inactivación por pasteurización
realizada por periodos de tiempo menores a lo indicado.
L. monocytogenes es considerada
un patógeno oportunista en humanos, frecuentemente con
devastadores resultados. Constituye un grave problema de
salud pública por la entrada en la cadena alimenticia
del humano, directamente a través de carne y productos
lácteos contaminados o indirectamente por la presencia
del agente en el abono o tierra que contamina los
vegetales, que a su vez contaminan al hombre. En humanos
la listeriosis clínica ocurre más comúnmente produciendo
aborto, mientras que la forma septicémica y la
meningitis son más frecuentes en adultos
inmunosuprimidos.
L. monocytogenes invade el SNC a
través del nervio trigemino, viajando en forma
centrípeta a lo largo de los axones hasta el cerebro, la
ruta de infección generalmente es a través de la cavidad
oral (pasando la barrera epitelial de la mucosa oral por
daños físicos o virales de la misma); cavidad nasal y
vía conjuntiva. L. monocytogenes es un patógeno
intracelular capaz de multiplicarse en los macrófagos y
células epiteliales, lo que le permite diseminarse y
expresar su patogenicidad. La resistencia a esta
bacteria viene dada por inmunidad celular y los
anticuerpos contra L. monocytogenes no son
protectivos.
La presencia de signos neurológicos y
el deambular en círculos, sólo o acompañado de presencia
de factores estresantes pudiera sugerir la listeriosis
del SNC. Sin embargo, el diagnóstico definitivo deberá
realizarse en el laboratorio y considerar un diagnóstico
diferencial con otras enfermedades que se presentan con
signos neurológicos como rabia, meningoencefalitis
tromboembólica, enterotoxemia, abscesos cerebrales,
encefalitis esporádica bovina, polioencefalomalasia y
otras encefalitis que pueden ser imposibles de
distinguir clínicamente.
Las muestras para diagnóstico en el
laboratorio, para la forma neural, son liquído
cefalorraquídeo, médula espinal y cerebro; los tejidos
deben ser enviados frescos y fijados en formol 10%; para
la forma visceral o septicémica, hígado fresco y fijado,
y para la abortiva, feto y placenta.
Los procedimientos utilizados son:
diagnóstico bacteriológico, histopatológico e
inmunohistoquímico. En el primero se realiza aislamiento
e identificación bacteriana utilizando enriquecimiento
en frío y determinación de la susceptibilidad
antimicrobiana del aislado; el diagnóstico
histopatológico es un método muy útil para diagnosticar
la forma neural; los cambios histopatológicos y la
observación de microabscesos sugieren fuertemente
listeriosis del SNC, y diagnóstico inmunohistoquímico.
Sin embargo, un diagnóstico definitivo está basado en el
aislamiento y la identificación de L. monocytogenes.
En Venezuela se ha demostrado la
existencia de listeriosis en búfalos. Los indicios más
precisos de la listeriosis clínica neurológica en
búfalos, se señalan a partir de 1985 en una finca
destinada a la producción de queso ubicada en el estado
Guárico. Sin embargo, no es sino hasta 1989 cuando se
detecta nuevamente un brote de listeriosis clínica en
búfalos procedentes de una finca del mismo propietario,
ubicada en el estado Táchira y se confirma con el primer
aislamiento de esta bacteria en el país en el
Laboratorio de bacteriología del Instituto de
Investigaciones Veterinarias FONAIAP (actualmente
Sanidad Animal-INIA). En ambas explotaciones el problema
aparece en búfalos de hasta un año, después de
implementar un nuevo plan de manejo que contemplaba el
destete al primer día de nacimiento, registrándose 30%
de mortalidad por esta causa.
El tratamiento es de poco valor
después de iniciados los signos neurológicos. El
antibiótico de elección son las tetraciclinas a un nivel
de dosis máxima. También se puede utilizar penicilina y
ampicilina.
En nuestro país no existen vacunas
comerciales. En los EE UU no hay justificación económica
para un programa de vacunación contra listeriosis, por
lo que no utilizan vacunas. A diferencia de ciertas
regiones de Europa, donde se realiza vacunación con
vacunas vivas atenuadas de L monocytogenes
serotipos ½a, ½b y 4b, su uso es común y produce una
disminución de la incidencia de listeriosis en ovejas.
Los animales con signos neurológicos deben aislarse,
realizar desinfección, en lo posible controlar los
factores estresantes y mantener higiene en la
preparación y uso del ensilado para asegurar su calidad.
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