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Revista Digital del Centro
Nacional de Investigaciones Agropecuarias de
Venezuela |
Moluscos de Importancia Agrícola Lilian Fuentes Dpto. Ciencias
Biológicas. |
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El Phylum Mollusca es el grupo más rico en especies después de los artrópodos (alrededor de unas 130.000 especies), entre los que destacan los calamares, pulpos, almejas, ostras, caracoles y babosas (Storer et al.,1975). Aunque existen muy pocos rasgos comunes entre ellos, todos siguen el mismo patrón estructural (Barrer,1994; Martínez, 2003). Son animales de cuerpo blando (del latin Mollus: blando) que tienen como características exclusivas: un pie musculoso en la parte ventral que le permite reptar, minar o cavar; un manto en la parte dorsal el cual es un repliegue de la pared del cuerpo que puede segregar conchas, placas o espículas calcáreas, y una estructura membranosa en forma de lengua o dedo con hileras de dientes transversales utilizados para raspar el alimento conocido como rádula (Remane y Storch, 1980). Tienen importancia económica por varias razones: muchos moluscos son fuente de alimentación para el hombre (Rousselet, 1989), otros son hospedantes intermediarios de parásitos (platelmintos y nematodos) del hombre y animales domésticos (Brown, 1969; Beresford, 1966); y algunas especies, generalmente caracoles y babosas, constituyen plagas en numerosos cultivos (Hunter y Runham, 197; Fernández, 1972; Montero et al., 2000). Con la siguiente revisión de literatura se pretende dar a conocer las principales familias y especies de moluscos, así como los daños que ocasionan y el control de estos organismos como plaga en cultivos agrícolas.
Por la gran diversidad de especies que presentan estos animales, se encuentran separados en siete clases taxonómicas: Aplacophora, Monoplacophora, Polyplacophora, Scaphopoda, Bivalvia, Cephalopoda y Gastropoda (Gasteropoda) (Hickman, 2000). En esta última clase están los invertebrados más exitosos en los ecosistemas terrestres (Barrer, 1994). Esta clase está dividida en tres subclases: Prosobranchia, Opistobranchia (ambas subclases casi todos marinos) y Pulmonada, que agrupa a los caracoles terrestres y dulceacuícola, babosas y sietecueros. La subclase Pulmonata se caracteriza por tener pulmones (originados de la vascularización de la cavidad paleal) que se comunican al exterior por un orificio ubicado en la parte anterior derecha del cabeza llamado pneumostoma (Hickman, 2000). Son animales hermafroditas con fecundación cruzada o autofecundación, ovíparas y de desarrollo directo (Storer, 1975). Esta subclase se encuentra dividida en tres órdenes: Basommatophora (caracoles de agua dulce), Systellomatophora (Sietecueros) y Styllomatophora (caracoles terrestres y babosas) (Hunter y Runham, 1971). Las especies pertenecientes al orden Basomatophora se caracterizan por tener un par de tentáculos no retráctiles y en la base de los mismos están los ojos, la concha siempre está presente, no presentan opérculo (Morales et al., 1983). En este grupo está Biomphalaria glabrata (Figura1) hospedante intermediario de Schistosoma mansoni causante de esquitosomosis en el hombre y Limmaea cubensis (Lapage, 1984) (Figura 2) hospedante intermediario de Fasciola hepatica agente causal de distomatosis hepática en el ganado (Quiroz, 1998).
El orden Systellomatophora incluye los llamados sietecueros, tienen cuatro tentáculos retráctiles, el par anterior es bilobulado y en el extremo del par posterior están los ojos. El cuerpo es opaco y todo el dorso está cubierto por el manto, hay ausencia total de la concha (Fernández, 1972). El orden Styllomatophora agrupa a los caracoles terrestres y babosas, presentando también tienen cuatro tentáculos retráctiles, el par anterior es unilobulado y en el extremo del par posterior se ubican los ojos. Las babosas tienen una concha interna debajo del manto, la cual se ubica en la parte anterior dorsal que da la apariencia de una "giba", el cuerpo es brillante por el mucus segregado (Baccetti et al., 2000). La familia Helicidae es una de las más importantes porque se encuentran en los jardines y zonas de cultivos, se alimenta de las partes tiernas de las plantas, pudiendo convertirse en plaga de importancia económica (Mioulane 1988). Sin embargo, en Europa son criados en cautiverio (Helicicultura) y muy utilizados para consumo humano (Escargot). La especie de mayor preferencia en la cría de caracoles es Helix pomatia (Figura 3) (Gallo, 1990). Mide de 3,9 a 4,5 cm de alto y 4,5 cm de diámetro, globoso y de color marrón rojizo con estrías irregulares (Cuellar, 1996). Otra especie importante en la helicicultura y como plaga es Helix aspersa (Figura 4) la cual mide aproximadamente 3 cm de altura y 3 a 3,5 cm de diámetro, de forma conoide, globosa y de color amarillento con bandas marrón oscuras (Gallo, 1990). La especie Achatica fulica conocido como caracol gigante (Figura 5) tiene una de las conchas de mayor tamaño (23 cm y pesa 250 g) es una especie muy prolífica y ha llegado a convertirse en una verdadera plaga de muchos cultivos en países orientales, sin embargo su carne es comestible (Mioulane, 1988), pero también es portadora de la enfermedad Meningitis eosinofilica (Martínez, 1997).
Las familias de babosas más importantes localizadas en Venezuela son Arionidae y Limacidae (Fernández, 1972). La familia Arionidae (Figura 6) tiene toda la superficie dorsal del cuerpo en forma redondeada y el pie sobresale por los bordes de éste. La familia Limacidae (Figura 7) puede presentar una quilla en el extremo posterior del cuerpo o en todo el dorso y el pie no sobresale (Op cit.).
Las babosas, sietecueros y caracoles dañan una gran variedad de cultivos principalmente hortícolas: lechuga, calabacín, berenjena, repollo, coliflor, acelga, vainitas, brócoli, alcachofa, zanahoria, remolacha, papa, ajo, fresa, durazno, orquídeas (Briceño, 1983; Porcelli y Aprensan, 1988). También han sido registradas como plagas en caraotas, café, musáceas, flores (crisantemos), cortando plántulas al ras del suelo al momento de la germinación, daño parecido al causado por los gusanos cortadores (Thome, 1993). Sin embargo, se les ha prestado poca atención como plaga, debido a que sus daños tienden a ser localizados e impredecibles y los hace difíciles de controlar (Andrews y Huezo, 1983). Estos animales tienen hábitos nocturnos y prefieren los sitios húmedos y sombríos, debajo de piedras, bloques, restos de cosechas, arbustos y hojas secas en descomposición, entre otros (Thomé et al., 2001). La actividad de estos animales comienza al atardecer y gradualmente se incrementa hasta alcanzar un pico a las 4-6 horas después de oscurecer (Barry, 1969). En condiciones severas de sequía, cuando la humedad del suelo en los primeros 5cm del perfil baja hasta 6%, se entierran profundamente en el suelo, hasta que las condiciones de humedad sean favorables (Barrat et al., 1993). Estos moluscos raspan con la rádula la epidermis de hojas, flores, frutos, semillas, plántulas, ramas jóvenes y partes subterráneas. Cuando el ataque se hace más severo se presentan perforaciones de tamaño y bordes irregulares (Figuras 8 A y B) este daño es muy parecido al que causan muchas larvas de insectos; sin embargo, se puede diferenciar mediante la observación directa del animal o por el rastro de mucus que dejan principalmente las babosas, lo cual en muchos casos mancha la hoja, desmejorando la calidad del producto que va al mercado (Briceño, 1971).
Se han registrados daños ocasionados en frutales, como lo señala Ordosgoitti (1997) en plantaciones de cítricos, causados por el caracol Orthalicus maracaibensis (Familia Bulimulidae) (Figura 10), el cual produjo daños severos en la corteza de tallos y ramas jóvenes con la pérdida total de las hojas. En la Estación Experimental del INIA en la localidad de Agua Blanca estado Portuguesa se han encontrado daños en maíz causado por babosa (Agüero, D. Comunicación personal, 2005) (Figura 12).
Andrews y Huezo (1983) estimaron que una babosa por metro cuadrado por noche puede dañar 16% de las plántulas de fríjol y reducir el rendimiento en 80%. Adicionalmente indicaron que en el fríjol los sietecueros (Figura 9) jóvenes consumen la lámina de las hojas con excepción de las nervaduras, mientras que las babosas adultas consumen toda la hoja y pueden dañar las vainas.
En Venezuela han sido consideradas plagas de importancia regional, específicamente en la zona andina, donde han venido aumentando sus poblaciones y durante las dos últimas décadas se han convertido en unos de los problemas mas serios para los agricultores alcanzando pérdidas de 100% (Montero et al., 2000). También es importante destacar la importancia que tienen algunos caracoles (Género Polymita y la especie Oxystyla pulchella, Gastropoda: Bulimullidae) en la remoción de organismos epífitos como algas, líquenes y hongos que crecen sobre los troncos, ramas, hojas y frutos. Estos organismos epífitos además de afectar la actividad fotosintética de la planta, pueden ser hospedantes de muchas plagas en cultivos de café y cítricos (Dantas et al., 2000) (Figura 11).
Las babosas como hospedantes intermediarios de parásitos de plantas y animales domésticos también han tenido poca atención. Sin embargo, pueden transmitir hongos, como es el caso de Alternaria brassicola, que produce la mancha de la hoja del repollo (Hasan y Vago, 1966) y el mildiú de las caraotas causado por el hongo Phytophthora phascoli (Wester et al., 1964). Así como también trasmiten el gusano del pulmón de la oveja Muelleris capilaris (Beresford,1966), parásitos importantes de aves Davianeae proglottina (Cestoda) y Syagamous trachea (Nematoda) y el parásito de los herbívoros domésticos Dicrocoelium dendriticum (Brow, 1993).
En el país se conoce poco sobre la riqueza de especies de moluscos terrestres. Los más conocidos son los caracoles de agua dulce por estar relacionados con problemas de salud pública. En este sentido, Matinella (1997) señala que en Venezuela se encuentran las siguientes familias: Neritidae Neritina) Ampullaridae (Pomacea y Marisa), Melaniidae (Tiara y Pachycheilus), Hidrobiidae (Aroapyrgus), Planorbidae (Biomphalaria), Lymnaeidae (Lymnaea), Physidae (Physa y Amplexa), Ancylidae (Ancylus). En cuanto a las babosas, destaca el trabajo realizado por Fernández (1982), en el cual señala que las babosas encontradas en Venezuela para esa fecha pertenecen a dos familias: Arionidae, con una sola especie Arion subfuscus y Limacidae con cuatro especies: Agriolimax reticulatus, A. laevis, Lehmannia valentiana y Milax gagates. Los sietecueros pertenecen a la familia Veronicellidae con una sola especie Sarasinula plebeia (Figura 9) encontrada en pocos cultivos, de allí su menor importancia como plaga agrícola, quizás por ser una especie autóctona.
En general, se han realizado pocos estudios en relación con control de moluscos, pero existen algunos trabajos sobre control químico y ecológico, sin considerar aspectos importantes como biología, ecología, hábitos alimenticios. Se han planteado algunas formas de control:
Alteración del hábitat: eliminación de la vegetación de los cauces del de los ríos, canales de riego para propiciar luminosidad, aumentar velocidad del agua y la temperatura.
Utilización de plantas: Kader y Tantawy (2000) evaluaron el efecto molusquicida de las plantas Agave filifera y Agave attenuata sobre Biomphalaria alexandrina y encontraron que ambas plantas tenían valores de LC50 30ppm y 32 ppm, respectivamente. Por su parte, Kader y El-Din (2000) utilizando flores de Calendula micrantha officinalis y Ammi majus sobre huevos de Biomphalaria alexandrina y Bulinus truncatus obtuvieron porcentaje de huevos dañados para Biomphalaria alexandrina de 30,6% con Caléndula y 29,8% con Ammi majus y un control de 22,6% con Caléndula y 40% con Ammi majus sobre huevos de Bulinus truncatus. También se ha evaluado el efecto sinergista del aceite de Azadirachta indica, Cedrus deodora y pieronil butoxide (PB) sobre el control de Lymnaea acuminata, encontrándose el máximo sinergismo con la acción de Azadirachta indica + Cedrus deodora en la proporción 1:7 y Azadirachta indica + PB+ Cedrus deodora en la proporción 1:5:7 (Rao y Singt, 2001).
Los métodos que se señalan a continuación están más orientados hacia las babosas, pero también se aplican a caracoles, puesto que se desarrollan en las mismas condiciones.
Preparación adecuada de suelo: el método más efectivo es trabajar el suelo antes y durante la etapa de crecimiento de las babosas. El efecto de una preparación adecuada del suelo sobre las poblaciones de Agriolimax reticulatus, Arion hortensis y Milax budapestensis es considerable, debido a que elimina del suelo grietas o espacios donde se puedan proteger de la sequía, impidiendo el movimiento hacia los cultivos (Hunter 1971). Siembra o cosecha de las plantas: de tal modo que el período de susceptibilidad no coincida con la época más favorable para las babosas, combinado con la eliminación de residuos de cosecha que sirven de áreas de refugios. Utilización de variedades de plantas menos susceptibles: Montero et al. (2000) determinaron que la lechuga fue la hortaliza de mayor preferencia alimenticia de la babosa Arion subfuscus, seguida por la papa, siendo menos apetecidas el calabacín, repollo y acelga. Sin embargo es necesario realizar evaluaciones con otros cultivos. Establecimiento de barreras alrededor de los semilleros con cal viva o arena gruesa.
Utilización de trampas: Smitch y Boswell (1970) determinaron que la cerveza es altamente atractiva para la especie Deroceras reticulatum. También, Torres y Yánez (1997) determinaron que la cerveza utilizada como atrayente en las trampas de caída capturan el mayor número de babosas en cultivos de fresa y hortalizas. Andrews y Sobrado (1985) utilizaron tres procedimientos no químicos para el control de babosas, los cuales consistieron en corte y aperchado de maíz, destrucción manual durante la noche y el día, mediante el uso de refugios trampas (tablas, tejas, hojas de lechuga, repollo) concluyendo que ésta ultima práctica fue en términos estadísticos y económicos superior a las demás prácticas.
Las aves de corral (gallinas, pavos, patos, gansos), lechuzas y búhos, aguaitacaminos, gavilán caracolero, gatos y rabipelao son buenos controladores de estas plagas. France et al. (2001) evaluaron al nematodo Phasmarhabditis hermaphroa como un controlador efectivo de la babosa Deroceras reticulatum, logrando una disminución del 51% del daño ocasionado por esta babosa.
Todos los molusquicidas tienen como principio activo Metaldehido, que produce pérdida de coordinación muscular y deshidratación en el molusco (Baccetti et al., 2000). Actualmente en Venezuela existe un solo molusquicida, Babotox 5% en forma de pellets y actúa por ingestión y contacto. Las dosis van desde 3 kg/ha (preventivo) hasta 5-10 kg/ha (curativo).
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Referencia de este artículo: Fuentes, L. 2006. Moluscos de Importancia Agrícola. Revista Digital CENIAP HOY Nº 11 mayo-agosto, 2006. Maracay, Aragua, Venezuela. ISSN 1690-4117, Depósito legal 200302AR1449. URL: http://www.ceniap.gob.ve/ceniaphoy/articulos/n11/arti/fuentes_l.htm Visitado:
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