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Agronomía
Trop. 54(2): 203-218. 2004 TRATAMIENTOS
CON ÁCIDO INDOLBUTÍRICO Maribel
Ramírez-Villalobos*, Aly Urdaneta-Fernández* 1
Proyecto "Propagación de especies de interés frutícola y |
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RESUMEN En Venezuela el icaco se utiliza como planta ornamental y medicinal. Los frutos son apreciados en forma de dulce en almíbar, jaleas y mermeladas; además, la semilla tiene gran potencial industrial debido a su alto contenido en ácidos grasoso Sin embargo, esta planta presenta dificultades en el enraizamiento de estacas del tallo. Con la finalidad de mejorar el enraizamiento se evaluaron los efectos de las dosis de ácido indolbutírico (AIB), así como de las lesiones en la base y el tipo de estaca. Se seleccionaron estacas apicales (verdes) y subapicales (semiduras) de 15 cm, las cuales fueron tratadas conAIB a razón de 0 y 10 000 mg kg-1 en combinación con la realización o no lesiones en la base de la estaca. Después de seis semanas se midió el porcentaje de estacas enraizadas (PE), número de raíces por estaca (NR) y longitud de la raíz más larga (LR). En las estacas apicales con lesiones y tratadas luego con 10 000 mg kg-1 de AIB se obtuvo un PE de 96%, un NR de 26,1 y una LR de 9,9 cm. En las estacas subapicales sin lesiones e impregnadas con 10 000 mg kg-1 de AIB se registró un PE de 100%, un NR de 38,6 Y una LR de 19,1 cm. Las estacas apicales. y subapicales sin tratamiento de lesiones y AIB no emitieron raíces. Palabras
Clave: Chrysobalanus ¡caco L.; auxina; lesiones; estaca de
tallo. INTRODUCCIÓN El
icaco es una planta de la familia Chrysobalanaceae, oriundo de América y
África tropical. Actualmente está adaptado en regiones similares de todo
el mundo. En forma espontánea crece desde el sur de los Estados Unidos
hasta Brasil, Ecuador y Venezuela, incluyendo las Antillas. En
Venezuela, esta especie también es conocida con los nombres de hicaco,
jicacillo o jicaquillo, gicaco y cocoplum (Hoyos, 1989); crece bien en
zonas de clima caliente, aunque prospera bien en climas medios y no pasa
de los 1 500 m.s.n.m. Prefiere suelos de textura media, bien drenados,
donde no falte la humedad (Avilán et al., 1992). También
crece perfectamente en la zona costera del norte del país, algunas veces
en forma semiespontánea. Particularmente, en el estado Zulia tiene
importancia como fuente alimenticia, ornamental y medicinal; los frutos se
comen relativamente poco en su estado natural, aunque' son muy apreciados
en forma de dulce en almíbar. El sabor aumenta si antes de hervirlos se
abren las cubiertas de las semillas para que el preparado reciba el sabor
de la "almendra" o semilla (Hoyos, 1989). Presenta un gran
potencial industrial, ya que su semilla es rica en ácidos grasos (Vargas et
al., 1997). La
propagación de esta especie generalmente se efectúa por medio de semilla
(Avilán et al., 1992), método natural de reproducción que tiene
diversas ventajas, sin embargo, se manifiesta desuniformidad en el
material genético debido a la condición heterocigota y alógama de la
especie, además, se requiere un tiempo más prolongado hasta 7 años para
obtener la producción de frutos (Vargas et al., 1997). Es por esto
que existe interés en promover estudios tendentes a buscar otras técnicas
de multiplicación de plantas sobresalientes con potencial e importancia
económica. Una práctica muy utilizada es el enraizamiento por medio de estacas del tallo (Avilán et al., 1992), la cual es una forma asexual de multiplicación con la que se obtienen ciertas características como la uniformidad de las plantaciones, debido a que no hay variabilidad genética. También con esta técnica se acorta el periodo juvenil, al igual que las fases de floración y fructificación al emplear material de plantas adultas, aunque el éxito está relacionado con el tamaño y tipo de estaca, el medio de enraizamiento o sustrato y el uso de reguladores del crecimiento (Hartmann y Kester, 2001; San Miguel et al., 1999). Para
garantizar un buen enraizamiento de las estacas se utilizan
particularmente auxinas, ya que éstas promueven la iniciación de las raíces,
incrementan su número y calidad, aumentan la uniformidad del
enraizamiento y reducen el tiempo del proceso (Hartmann y Kester, 2001). En
muchas plantas el enraizamiento es un proceso espontáneo, mientras que en
las especies recalcitrantes, como el icaco, se ha comprobado que la
aplicación de ácido indolacético (AIA) y las auxinas sintéticas ácido
indolbutírico (AIB) y ácido naftalenacético (ANA) estimulan el
enraizamiento (Acosta et al., 2000; Hartmann y Kester, 2001). Weaver
(1990) indica que las auxinas estimulan la expansión celular y también
la división celular, y frecuentemente fomentan el desarrollo de callos,
de los que se desprenden crecimientos similares a raíces. El
compuesto natural que se acepta como auxina es el AIA. También se
consideran como auxinas naturales el ácido fenilacético, algunos cloro-indoles
y, recientemente, el AIB (Acosta et al., 2000). Esta última se
pensó en un principio que era sólo una auxina sintética activa, pero se
da en hojas de maíz y en varias dicotiledóneas, por lo que estará muy
difundida en el reino vegetal (Salisbury y Ross, 2000). El AIA es químicamente similar al aminoácido triptofano, por lo que durante muchos años se ha considerado a este aminoácido el precursor de la síntesis del AIA. Actualmente se acepta que el AIA puede sintetizarse también a partir de un precursor del triptofano (Acosta et al., 2000). Por
difusión llega a los diferentes órganos mediante los tejidos vasculares
(xilema y floema) y además puede ser transportado por células no
vasculares como las del cambium y las parcialmente diferenciadas asociadas
al floema (Acosta et al., 2000). Esta auxina se desplaza en los
tubos cribosos si se aplica a la superficie de una hoja madura para
exportar azúcares, pero el trasporte normal en tallos y pecíolos
comienza en las hojas jóvenes y sigue hacia abajo, a lo largo de los
haces vasculares. También las
auxinas sintéticas aplicadas a las plantas se mueven de esta manera (Salisbury
y Ross, 2000). Existe
información que indica que las estacas que producen un mejor
enraizamiento son las estacas provenientes de material joven o nuevo,
correspondientes a la periferia de la planta (Hernández y Leal, 1997),
dado que el contenido de auxina es mayor en estos tejidos, donde se
sintetiza el AIA. Allí se encuentran las enzimas necesarias para la
conversión del triptofano en AIA (Acosta et
al., 2000; Salisbury y Ross, 2000). La
posición dentro de la planta de donde se obtiene la estaca, bien sea
apical o basal, también ocasiona variación en la producción de raíces;
en muchos casos, el mayor porcentaje
de enraizamiento se logra con estacas procedentes de la porción basal de
la rama; en los tallos leñosos de uno o más años de edad se acumulan
carbohidratos en la base de las ramas, lo que puede conllevar a la formación
de algunos iniciales de raíces, quizás bajo la influencia de sustancias
promotoras de las yemas y hojas (Hartmann y Kester, 2001; Veierskov,
1988). La
ejecución de heridas o lesiones en la base de las estacas ha sido
beneficiosa para el enraizamiento de las mismas, sobre todo en estacas de
madera dura vieja. En algunas especies la producción de callo y el
desarrollo de raíces son mucho mayores en los márgenes de las heridas,
debido a que con esta práctica se estimulan los tejidos heridos a entrar
en división celular y a producir primordios radicales. Se
produce una acumulación natural de auxinas y de carbohidratos en el área
lesionada y un incremento en la tasa de respiración (Hartmann y Kester,
2001); además al efectuarse heridas los tejidos son estimulados para que
produzcan etileno, el cual se sabe que promueve la formación de raíces
adventicias (Hartmann y Kester, 2001; Salisbury y Ross, 2000; Wilson,
1994; Zacarias y Lafuente, 2000). Se busca también con ellesionado romper
o eliminar cualquier barrera física como la presencia de anillos de
esclerénquima que pudieran obstaculizar el desarrollo de raíces (Hartmann
y Kester, 2001). Las raíces
adventicias tienen un origen endógeno cerca de los tejidos vasculares y
crecen a través de tejidos situados por fuera del punto de origen. En los
tallos jóvenes de las dicotiledóneas y las gimnospermas, las raíces
adventicias nacen generalmente en el parénquima interfascicular, y en los
tallos más viejos en el radio vascular cerca del cambium. En el caso
especifico de icaco, el origen de las raíces adventicias es el cambium
vascular y de las laterales, el periciclo (Vargas el al., 1997). En este trabajo se evaluó el efecto del tipo de estaca, apicales y subapicales; la práctica de lesionado y la aplicación del ácido indolbutírico, en el enraizamiento del icaco. MATERIALES
Y MÉTODOS La
investigación se realizó en el propagador del vivero de la Facultad de
Agronomía de la Universidad del Zulia, ubicado geográficamente a 10°
41' 12" L.N. Y 71 ° 38' 0" L.O.; altitud 25 m.s.n.m.;
temperatura promedio 27 a 29°C, precipitación anual, 500 mm; humedad
relativa, 76% y radiación solar, 1 101,72 µmol m-2 sol (Ewel
y Madriz, 1976). De
plantas adultas de icaco de 10 años de edad, fueron seleccionados dos
tipos de estacas, apicales (verdes) y subapicales (semiduras) con una
longitud de 15 cm aproximadamente, dejando cuatro hojas y cinco nudos por
estaca. Las plantas en el momento de la recolección del material vegetal
se encontraban en fase vegetativa. El
sustrato utilizado fue una mezcla de arena y abono de río (materia orgánica)
en proporciones iguales. Posteriormente, se le añadió 10 ml de Ridomil®
Y a razón de 3 g 1-1 (Metalaxil + Mancozeb). El
sustrato se colocó en vasos de plástico N° 5 (7 cm de diámetro x 10 cm
de altura). Los
tratamientos se obtuvieron de la combinación de las dos dosis de AIB a 0
y 10 000 mg kg-1, con la realización o no de la práctica de
lesiones (2 heridas de 2 cm) en la base y con dos tipos de estacas
apicales y subapicales (Cuadro 1). El diseño
que se aplicó fue totalmente al azar con cinco repeticiones y cinco
estacas como unidad experimental. A las seis semanas se evaluaron las
variables porcentaje de estacas enraizadas (PE), de estacas vivas con o
sin enraizamiento, número de raíces por estacas y longitud de la raíz más
larga. Se
establecieron 25 estacas por tratamiento, a las cuales se les aplicaron
las diferentes prácticas de lesionado y/o aplicación de la auxina AIB en
polvo. Luego se colocó una estructura metálica en cada vaso, la cual se
cubrió con una bolsa plástica cerrada herméticamente con el fin de
mantener una alta humedad relativa alrededor de la estaca. Se efectuó un análisis de varianza por medio del programa SAS (1987) y cuando hubo efectos significativos se aplicó la prueba de Tukey (P<0,05). La variable PE fue transformada con la ecuación arco seno (x+1)1/2 para ajustada a la normalidad.
RESULTADOS
Y DISCUSIÓN En el
Cuadro 2 el máximo porcentaje de estacas enraizadas se obtuvo cuando las
estacas subapicales semiduras fueron tratadas con 10 000 mg kg-1
de AIB y no se les realizaron las lesiones o heridas en la base (100%).
Este tratamiento fue estadísticamente igual al de las estacas apicales de
madera suave con lesiones en la base y tratadas con la auxina AIB. En un
segundo grupo se ubicaron las estacas apicales y subapicales tratadas con
AIB sin lesiones (76%) y con lesiones (80%), respectivamente. La mayor
habilidad del enraizamiento en los tallos tratados con AIB está
relacionada con el incremento de la actividad cambial y del subsecuente
aumento del tejido parenquimático de mayor actividad metabólica en el
tallo, circunstancia que puede incidir favorablemente en la disponibilidad
de carbohidratos solubles durante el proceso de enraizamiento (Laskowski y
Bautista, 1999). Acosta et al. (2000) señalan que la sensibilidad de un tejido u órgano a las auxinas puede variar con la edad y las condiciones ambientales, por lo que ésta depende de diversos factores siendo los que probablemente desempeñen un papel mayor la concentración de los receptores hormonales, la efectividad de la unión receptor-hormona y la cadena de acontecimientos que se sucede con posterioridad a dicha unión, de la que depende la respuesta final. Además concluyen que para algunos autores la respuesta hormonal estaría condicionada únicamente por la sensibilidad, sin embargo, la opinión más extendida es que tanto la variación de la concentración como la sensibilidad frente a las auxinas son importantes en la acción hormonal.
La
aplicación de ABI incrementó el enraizamiento de las estacas apicales y
subapicales de icaco, 10 que sugiere que la alta concentración de la
auxina (10 000 mg kg-1) útilizada fue buena promotora de la
iniciación y desarrollo de raíces adventicias. Los
porcentajes de estacas enraizadas obtenidos tienen semejanza con los
reportados por Vargas et al. (1999), quienes lograron a los 79 d de
la siembra un 86,7% de enraizamiento en estacas apicales de icaco, las
cuales recibieron un retratamiento a los 49 d que consistió en hacer
lesiones en la base y aplicar AIB (10 000 mg kg-1). Sin
embargo, los resultados difieren en el tiempo requerido para el
enraizamiento y en el tratamiento usado para inducir el enraizamiento,
dado a que en esta investigación el tiempo para el enraizamiento fue
menor, de 6 semanas (42 d), Y las estacas no necesitaron de un
retratamiento. Las
diferencias observadas en cuanto a los tratamientos y el tiempo de
enraizamiento pueden ser atribuidas a las posibles diferencias en la
variabilidad genética dentro de la especie, a las condiciones bajo las
cuales se desarrolla la planta madre, o bien, a las condiciones de
experimentación, factores que afectan el proceso de formación de raíces
(Hartmann y Kester, 2001; San Miguel et al., 1999; Vargas et
al., 1997). Las
estacas de icaco sin el tratamiento de AIB no formaron raíces, lográndose
un 16% de enraizamiento cuando a las estacas apicales se les efectuaron
lesiones en la base. Las estacas que no enraizaron presentaron buen
aspecto, permanecieron vivas sin signos de marchitez o pudrición, lo que
indica que esta especie requiere de ciertos tratamientos para enraizar, lo
cual ha sido señalado en otras investigaciones (Vargas et al.,
1997; Vargas et al., 1999). En cuanto al porcentaje de estacas
vivas éste fue del 100% en todos los tratamientos, denotando que las
condiciones de manejo (planta madre, técnicas, sustrato y condiciones
ambientales) bajo las cuales se desarrollo el experimento fueron las
adecuadas. Los
bajos porcentajes de enraizamiento obtenidos en las estacas sin
tratamiento de AIB manifiestan que el contenido de auxina natural en las
estacas de icaco es sumamente bajo, situación que impide su enraizamiento
aun cuando se colocan en un buen sustrato y con alta humedad relativa. En
las estacas apicales y subapicales sin tratamiento de AIB y sin lesiones,
tampoco se obtuvo formación de raíces indicando esto que no existió una
liberación y tras locación de la auxina endógena, la cual es un
requerimiento para la iniciación de las raíces adventicias en tallo y
para la división de las primeras células iniciadoras de la raíz (Hartmann
y Kester, 2001; Sharma et al.,
1991; Vargas et al., 1997;
Vargas et al., 1999). Los
efectos del tipo de estaca (TE) y las lesiones en la base de la estaca
(LE) no presentaron diferencias significativas en el porcentaje de estacas
enraizadas, aunque, la interacción entre TE y LE si mostró diferencias
significativas en esta variable. Para las variables número de raíces por
estaca y longitud de la raíz más larga, el TE y la interacción entre TE
y LE resultaron ser significativas (Cuadro 3). En las
estacas apicales con o sin AIB, la práctica de lesionado mejoró
notablemente la respuesta de enraizamiento, evidenciándose que ésta
estimuló a los tejidos heridos a entrar en división celular ya producir
primordios radicales, respuesta asociada a una acumulación natural de
auxina y de carbohidratos en el área lesionada, y a un incremento de la
tasa de respiración (Hartmann y Kester, 2001), esta última debido a que
el movimiento de las auxinas requiere energía metabólica ya que no se
produce en ausencia de oxígeno ni en presencia de inhibidores del ATP
(Acosta et al., 2000; Salisbury y Ross, 2000). Cuando
los tejidos son lesionados se estimulan para producir etileno, hormona que
causa la acumulación de auxinas en la estaca, dado que inhibe su
transporte, induciendo en forma indirecta la formación de raíces
adventicias (Vargas et al.,
1999; Wilson, 1994). Al respecto, Zacarías y Lafuente (2000) refieren que
existen diferentes indicios de que el etileno está implicado en la
inducción de raíces laterales, adventicias y pelos radiculares.
En cada
uno de estos procesos pueden existir mecanismos particulares de
diferenciación, en todos ellos el etileno actúa promoviendo el número y
el desarrollo de estructuras, debido a que su acción también está
mediatizada o conectada con las auxinas, por lo que se ha sugerido que en
la formación de pelos radiculares puede existir una ruta en la que ambas
hormonas actúen coordinadamente y otra ruta independiente para cada una
de ellas. Los investigadores manifiestan que la acción de las hormonas se
realizaría promoviendo el desarrollo radial de las células epidérmicas,
una vez se ha producido la diferenciación de las mismas. Salisbury
y Ross (2000) expresan que muchos efectos mecánicos (como heridas), de
estrés y sequía, y de aplicación de auxina, entre otros, aumentan la
producción de etileno, cuyo precursor cercano es el ácido 1-amino-ciclopropano-1-carboxílico
(ACC). Actualmente, se cree que el factor que limita la velocidad de
formación del etileno suele ser catalizado por la ACC cintaza,
responsable de la biosíntesis del etileno. Adicionalmente,
Piñol et al. (2000) reseñan que las altas concentraciones de
auxinas promueven un incremento de la síntesis de etileno al impedir la
conjugación de azúcares de las auxinas (los -OH que contienen se unen
muy fácilmente a azúcares) y, a la vez, activar la enzima ACC cintaza. En
tallos de alubia (Phaseolus aureus) y en plántulas de guisante (Pisum
salivum) se ha obtenido que el AIA multiplica en varios cientos la
formación del etileno, y que en ésos y otros tejidos, las auxinas
inducen la formación adicional de la ACC cintaza, lo que provoca una
mayor producción de etileno; así mismo, infieren que las heridas también
aumentan la producción de etileno, puesto que inducen la formación de
ACC cintaza. Es probable, por la interacción auxina-herida, que las estacas lesionadas absorban mayor cantidad de agua del medio de enraizamiento, efectúen una mayor absorción de los reguladores de crecimiento aplicados y haya un incremento en la síntesis de cofactores del enraizamiento como el etileno (Hartmann y Kester, 2001; Vargas et al., 1999). La mayor absorción se podría asociar a la separación del tallo de su fuente principal de agua y nutrimentos ya que se convierte en una estructura demandante, dando como consecuencia un incremento del flujo vascular y de la misma forma que las yemas en esta etapa tengan una demanda preferencial por carbohidratos (Wilson, 1994). Para la
variable número de raíces por estaca, los mejores resultados se lograron
en las estacas subapicales con y sin lesiones tratadas con la auxina AIB
dado a que registraron 36,1 y 38,6 raíces por estaca, respectivamente
(Cuadro 4), valores que estadísticamente no fueron diferentes entre
ellos, lo cual sugiere que no es necesario efectuar lesiones en las
estacas subapicales. Estos resultados contradicen lo reportado por Hartmann y Kester (2001), que las ramas apicales presentan un mejor enraizamiento porque en su porción terminal o apical se encuentra una mayor concentración de sustancias endógenas promotoras del enraizamiento (auxinas) y, aunado a esto, los tejidos presentan un menor grado de diferenciación y en consecuencia hay una mayor cantidad de células capaces de convertirse en meristemáticas.
El alto
número de raíces en este tipo de estaca, subapical semidura, puede ser
explicado por su condición nutricional debido a que ésta tienden a tener
un mayor contenido de carbohidratos (Hartmann y Kester, 2001; Salisbury
y Ross, 2000), los cuales juegan un papel muy importante en la formación
de raíces adventicias, sirven como una fuente de esqueletos de carbono
necesarios para nuevos productos metabólicos; de estos, los fosforilados
intervienen durante la iniciación radical, donde la vía respiratoria
cambia de pentosa fosfato a la glicolítica, lo que habilita al nuevo
tejido meristemático a recibir esqueletos de carbono que serán
necesarios para el desarrollo de nuevas raíces (Veierskov, 1988). En las
estacas apicales se encontró que las lesiones incrementaron
significativamente el número de raíces de 12,5 a 26,1, posiblemente
asociado a los efectos por el etileno explicados anteriormente para el
proceso de enraizamiento. En cuanto a la poca diferencia en la respuesta
al enraizamiento entre las estacas apicales sin lesiones y las subapicales
lesionadas, pudo ser debido a la capacidad de absorción de las auxinas
por el tejido nuevo de las primeras y por tener una peridermis inicial de
las segundas, de hecho las estacas de tallo semiduras de icaco no
contienen en su interior tejido esclerenquimático que inhiba el
desarrollo de las raíces adventicias, según observaciones realizadas en
un trabajo de anatomía del enraizamiento de esta especie (Vargas et al.,
1997). Las lesiones por su parte contribuyeron -como anteriormente se ha
señalado en un aumento sustancial de tejido adventicio. En
relación a la longitud de la raíz más larga, el mayor valor lo
presentaron las estacas subapicales sin lesiones tratadas con AIB (19,1
cm), longitud que fue diferente del resto de los tratamientos. En un
segundo grupo de significancia se encontraron las mismas estacas con
lesiones y tratadas con AIB (13,7 cm) y en un tercero las apicales con y
sin lesiones tratadas con AIB. Los valores obtenidos en el número de raíces por estaca y longitud de la raíz sugieren que la auxina AIB (10 000 mg kg-1) fue una excelente promotora de la iniciación y del desarrollo de raíces, asociado a la alta concentración empleada. Los resultados de ambas variables son superiores a los registrados en otras investigaciones (Vargas et al., 1997; Vargas et al., 1999). Bacarín et al. (1994) señalan que las auxinas además de aumentar el porcentaje de enraizamiento, apresuran la iniciación radical y aumentan el número y calidad de las raíces producidas. Trabajos
realizados en otras especies confirman que la utilización de altas
concentraciones de auxinas, como el AIB, mejora la respuesta de
enraizamiento. En acodos de jujube (Zizyphus jujube) y phalsa (Grewia
subinaequalis) se ha logrado un 95% y 100% de enraizamiento,
respectivamente, con la dosis de 10 000 mg kg-1 (Chatterjee y
Rao, 1978; Prasad et
al., 1982); así mismo, en mango
un 60% de enraizamiento con 15000 mg kg-1 (Sirohi y Ram, 1993)
y en níspero (Achras sapota L.) un 74,28% con 25 000 mg L -1
(Hore y Sen, 1992). En cacao (Theobroma cacao) se ha adelantando el
proceso de enraizamiento a los 37 d con la aplicación de AIB, obteniéndose
un 27,8% de enraizamiento en estacas semiduras tratadas con 10 000 mg L -1
de la fitohormona y un 66,6% de enraizamiento en estacas de madera suave
con 6000 mg L-1 (Hernández y Leal, 1997). CONCLUSIONES - El enraizamiento de estacas de tallo con hojas en icaco fue exitosa, tanto en estacas apicales de madera suave con lesiones en la base como en las estacas subapicales de madera semidura sin lesiones, al tratarlas con 10 000 mg kg-1 de ácido indolbutírico por registrar los mayores valores de porcentaje de estacas enraizadas a las seis semanas de su establecimiento, 96 y 100%, respectivamente. En las estacas apicales sin lesiones y subapicales con lesiones, tratadas con ácido indolbutírico, el porcentaje de enraizamientofue bueno, 76% y 80%, respectivamente. - En los tratamientos sin aplicación de ácido indolbutírico no hubo la emisión de raíces, sólo cuando se efectuaron lesiones a las estacas apicales, la respuesta fue de un 16% de enraizamiento. - El máximo
número de raíces por estaca (38,6) y de longitud de la raíz (19,1 cm)
se lograron en estacas subapicales semiduras tratadas con 10 000 mg kg-1
de ácido indolbutírico sin lesionar. SUMMARY Icaco
is used Venezuela for its fruits and as an ornamental and medicinal planto
Fruits are valued as as preserves, jelly and marmalade; and seed have
great industrial potential due to their high content in fatty acids. However,
this plant presents difficulties in the rooting of stem cuttings. In
order to improve rooting, the effect of indolbutiric acid (IBA), lesions
in the base and cutting type were evaluated. A selection of apical (green)
and subapical (semihard) cuttings of 15 cm were treated with IBA at 0 and
10 000 mg kg-1 in combination with the execution or not of
lesions on cutting base. After six weeks, the rooting percentage (RP),
root number by cutting (RN) and length of the longest root (LR) were
measured. In apical cuttings with lesions and treated with 10 000 mg kg-1
of IBA a RP of 96%, a RN of 26.1 and LR 9.9 cm were obtained; and
subapicals without lesions and impregnated with 10 000 mg kg-1
of IBA registered a RP of 100%, a RN of 38.6 and LR of 19.1 cm. Apical and
subapical cuttings without lesions and IBA treatments did not emit roots. Key
Words: Auxin; lesion; stem cutting; Chrysobalanus icaco. BIBLIOGRAFÍA ACOSTA
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