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Agronomía
Tropical 53(4): 457-481. 2003
Ramón
Silva-Acuña*,
Laercio Zambolim** y Víctor Hugo Álvarez Venegas**
RECIBIDO:
diciembre 12, 2003 |
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RESUMEN Durante
tres años agrícolas se condujo un experimento en patrocinio, Región de
los Cerrados del estado de Minas Gerais, Brasil, con el objetivo de
determinar las estrategias alternativas para el uso de oxicloruro de cobre
50%, así como también evaluar dosis de thadimenol 6 GR y triadimenol +
disulfoton (1,5 + 7,5) GR para el control de la roya del cafeto, Hemileria
vastatrix. En el primer ciclo
las estrategias de control empleando el oxicioruro, en promedio no fueron
más eficientes que las formulaciones del sistémico, aunque las superaron
en rendimientos. Para el segundo ciclo, las estrategias de uso del cúprico
resultaron superiores a los sistémicos, particularmente en las
subparcelas con cuatro aplicaciones donde se observaron rendimientos
superiores, aún cuando persistieron mayores porcentajes de enfermedad.
Comportamiento similar se apreció el tercer ciclo, constatándose
efectividad de control de la enfermedad con la dosis de 0,72kg ha-1
de triadimenol en el primer ciclo; sin embargo, la falta de protección de
la formulación contra Perileucoptera coffeella ocasionó alta defoliación al final de ese
ciclo; como consecuencia, el cultivo presentó bajos niveles de la
enfermedad en el próximo año agrícola, debido a la baja productividad
del cafeto. Estos resultados de control de la enfermedad se ratificaron en
el segundo ciclo, sin causar impacto en los rendimientos y de manera
sostenida se confirmaron para el tercer ciclo. La dosis de 0,72kg ha-1
fue eficiente para controlar la enfermedad, aunque sin relevancia para el
incremento de la producción. Para los tres ciclos estudiados, los
tratamientos con la aplicación de triadimenol + disulfoton resultaron con
los menores niveles de enfermedad y altos rendimientos. No hubo pérdida
de eficiencia en el control de la enfermedad, ni efectos perjudiciales de
las dosis evaluadas sobre los rendimientos. Palabras
Clave: Coffea arabica; Hemileia
vastatrix; control químico; Perileucoptera
coffeella; Brasil. INTRODUCCIÓN El
control químico de enfermedades de las plantas desempeña un papel
significativo en la reducción de las pérdidas en los cultivos, y
contribuye a mantener la calidad y cantidad de los alimentos producidos.
La roya del cafeto, Hemileia vastratix Berk. and Br., ocasiona pérdidas de uno a dos
millones de dólares para la caficultura mundial (Kushalappa y Eskes,
1989). En
Brasil las pérdidas causadas por esa enfermedad son variables, alcanzando
una reducción promedio de 30 a 35% en la producción, en razón de las
diferentes condiciones climáticas (Zambolim et
al 1985). Comportamiento similar es constatado en Venezuela (Silva-Acuña
et al., 1994) y, específicamente
para el estado Táchira, donde se produjo la sustitución de los cafetales
a altitudes inferiores a 800 m, por rubros como la caña panelera y
pasturas. En
Brasil, el uso de 3 a 5 kg ha-1 de fungicida cúprico con 50%
de cobre metálico, Caldo Bordeles a 1% o Caldo Vicosa, atomizado entre
los meses de diciembre a marzo ha ofrecido un control eficiente de la roya
del cafeto (Chaves et al. 1971;
Cruz Filho y Chaves, 1975) proporcionando mayor producción y retorno económico
(Jaramillo,1988). Actualmente, por sus características de protectores
foliares, los fungicidas cúpricos constituyen una alternativa valiosa
para el control de la enfermedad por reducir la intensidad de ataque de la
enfermedad, así como también por favorecer la nutrición de la planta
transmitiendo un efecto "tonificante" al cafeto (Burdekim, 1969;
Aduayi, 1975). Zambolím
et al. (1987) realizaron
investigaciones sobre la aplicación del fungicida sistémico triadimenol,
inicialmente con la concentración de 1%; a razón de 50 g/punto de
siembra en la zona de la Mata de Minas de Gerais; de manera simdar, Mansk
y Matiello (1987) usaron 50-40 g/punto de siembra en Espíritu Santo, en
ambos casos hubo control de la enfermedad. Los resultados fueron
ratificados por Almeida et al.
(1987) y Jaramillo, 1988. En posteriores ensayos se evaluó la formulación
al 6%,en dosis que oscilaban entre 10 y 20 kg ha-1 (Luckman
1993; Matielli et al., 1993) donde se constató resultados satisfactorios a partir
de 12 kg ha-1. Así mismo, para la dosis de 15 kg ha-1
se observó que la planta presentaba mayor grado de follaje después de la
cosecha, evidenciando la efectividad del tratamiento. La
mezcla de] fungicida sistémico triadimenol con el disulfoton (insecticida
sistémico) de forma granulada, resultó ser la innovación mas reciente
para controlar simultáneamente tanto a la roya del cafeto como al minador
de la hoja, Perileucoptera coffeella
Guerin-Meneville. Souza y Reis (1992) observaron que los perjuicios
causados por esta plaga, en el sur de Minas y Espíritu Santo alcanzaron
52,37 y 80% de reducción en la producción, respectivamente, con
repercusión en defoliación para esas mismas localidades, lo que
comprometió significativamente la vida útil del cafeto. El
uso de la mezcla 1,5+7,5 de triadimenol y disulfoton, presentó mejor
desempeño (Mansk y Matiello, 1994) en dosis de 30 y 37 g/punto de
siembra, respectivamente; de manera similar, Almeida y Matiello (1991) señalan
que las dosis de 33 y 40 g/punto de siembra, en el primer año, resultaron
eficientes en el control de la enfermedad y en el segundo año no hubo
diferencias entre las dosis comprendidas entre 16 y 40 g/punto de siembra.
Considerando
lo anterior y ante la posibilidad de usar el oxicloruro de cobre y de las
formulaciones de triadimenol y de triadimenol + disulfoton se realizó
esta investigación con los siguientes objetivos: evaluar estrategias de
uso del fungicida cúprico empleando la misma cantidad del ingrediente
activo por hectárea pero atomizado en menor número de aspersiones;
determinar la dosis adecuada de triadimenol 6 granulado (GR) para el
control eficiente de la roya y evaluar el comportamiento de la enfermedad
con el uso de diferentes dosis de triadimenol + disulfoton. MATERIALES
Y MÉTODOS EL
ensayo fue conducido durante tres años agrícolas (1991-1994) en la
localidad de Patrocinio Región del Alto Paranaiba (Cerrados) del estado
de Minas Gerais (Brasil), en la Hacienda Experimental de la Empresa de
Investigaciones Agropecuarias del Estado de Minas Gerais (EPAMIG),
localizada en las coordenadas geográficas 18'57'09"S y
46'59'43"0, a una altitud de 1 000 in con topografía leve y
ondulada. El
cultivar de café, Coffea arabica
L., utilizado fue el Catuaí Rojo (LCH-2077-2-5-99), con cinco años de
edad, sembrado a distancia de 3,5 x 1,0 m para una densidad de 2857
plantas ha-1. El cultivo presentó buena producción de frutos
con distribución uniforme en el área experimenta¡, así como también
el grado de follaje y el porte de las plantas. Los
fungicidas empleados en los ensayos fueron el oxicloruro de cobre 50 polvo
mojable (PM); triadimenol 6 GR y triadimenol + disulfoton (1,5:7,5) GR. La
aplicación fue realizada con asperjadora costal manual, con boquilla de
salida cónica y gasto promedio de 340 1 ha-1. Los fungicidas
granulados triadimenol y triadimenol + disulfoton fueron aplicados al
suelo, en la proyección del follaje del cafeto, en ambos lados de las
plantas de la parcela experimental, en un surco de 5 a 8 cm de profundidad
e inmediatamente cubierto con el mismo suelo removido en parcelas
experimentales constituidas de cinco plantas útiles. Las
evaluaciones de la enfermedad se realizaron a intervalos regulares de 20 días.
Para ello fueron colectadas 50 hojas por parcela experimental (10 hojas
planta-1) del tercer o cuarto par, retirados de los ramos
plagiotrópicos aleatoriamente seleccionados en los tercios inferior y
medio de las plantas, determinándose el número de hojas con roya, número
de lesiones con o sin esporas y área foliar lesionada por la roya,
evaluada de acuerdo con la escala diagramática de Kushalappa y Chaves
(1980). Con los valores de incidencia y severidad obtenidos de las
evaluaciones de tres años agrícolas, fue calculada el área debajo de la
curva de progreso de la enfermedad (ADCPE) usando el programa desarrollado
por Carmo (1989) y que según Kranz (1974) es el que mejor describe el
comportamiento de una enfermedad y su efecto sobre el huésped. También
fue cuantificada la producción de los frutos, siendo transformada en kg
ha-1 de café beneficiado, de acuerdo con los criterios
establecidos por Bartholo et al.
(1989). En
el primer año agrícola (1991/192), el diseño experimental adoptado fue
el de bloques al azar con cuatro repeticiones y la unidad experimental
constituida de cinco plantas útiles, y esas parcelas poseían una planta
de bordura entre dos unidades experimentales y una línea de plantas entre
las repeticiones. Los tratamientos evaluados fueron los siguientes: 1.
oxicloruro de cobre 50 PM a 1,5 kg ha-1 aplicado en los meses
de diciembre, enero, febrero y marzo (patrón regional); 2. oxicloruro de
cobre 50 PM a 2,0 kg ha-1 aplicado en los meses de enero,
febrero y marzo; 3. oxicloruro de cobre 50 PM a 3,0 kg ha-1
aplicado en los meses de enero y marzo; 4. triadimenol 6 GR a 0,24 kg ha-1;
5. triadimenol 6 GR a 0,48 kg ha-1; 6. triadimenol 6 GR a 0,72
kg ha-1; 7. triadimenol + disulfoton (1,5+7,5) GR a 2,14 +
10,70 kg ha-1; 8. testigo (sin aplicación de fungicida). Los
tratamientos cuatro a siete, utilizando los fungicidas granulados, fueron
aplicados al suelo sólo una vez durante la primera quincena de enero de
cada año agrícola. Las aplicaciones foliares se realizaron a los 72,
103, 134 y 162 días después de la floración principal (DDFP) de acuerdo
con cada una de las estrategias de uso del fungicida cúprico, siendo las
formulaciones granuladas aplicadas a los 103 DDFP. Las evaluaciones de la
enfermedad fueron realizadas a los 100, 1121, 142, 163, 184, 205, 226, 247
y 268 DDFP. Para
el segundo año agrícola (1992/193) los tratamientos, que durante el
primer año fueron arreglados en bloques al azar, fueron reestructurados
en parcelas subdivididas con la finalidad de evaluar la evolución de la
enfermedad al ser utilizadas dosis menores o al suprimirlas totalmente;
fueron también utilizadas cinco plantas útiles por unidad experimental y
borduras entre los tratamientos y las repeticiones como en el primer año
agrícola. Los tratamientos con la aplicación en la parcela de oxicloruro
de cobre fueron subdivididos en dos subparcelas: una recibió la misma
dosis inicial y la otra no fue atomizada. Los
tratamientos que recibieron en la parcela el fungicida triadimenol fueron
divididos en tres subparcelas: una de ellas recibió la misma dosis
inicial,, la otra recibió la mitad de la dosis inicial y la tercera no
recibió aplicación del fungicida. La parcela con el triadimenol +
disulfoton fue dividida en dos subpareclas: una recibió la dosis
inicialmente adoptada y la otra la mitad de la dosis (2,14+10,70 y
1,07+5,35 kg ha-1) de triadimenol + disulfoton, respectivamente
(Cuadro 1). Las
aspersiones de oxicloruro de cobre fueron hechas a los 127, 155, 183 y 211
DDFP, que corresponden a los meses de diciembre, enero, febrero y marzo de
cada estrategia de control y los fungicidas granulados fueron aplicados a
los 155 DDFP. Las dosis de triadimenol + disulfoton fueron de 2,14 + 10.70
y 1,07 + 5,35 kg ha-1, respectivamente, en cada subparcela. Las
evaluaciones de la enfermedad fueron realizadas a los 125, 146, 167, 188,
209, 230 y 251 DDFP. De
manera similar al segundo año agrícola, los tratamientos con aplicación
de oxicloruro de cobre y triadimenol fueron iguales en el tercer año agrícola
(1993/94, Cuadro 1). Para este ciclo el tratamiento con aplicación de
triadimenol + disulfoton que recibió la dosis de 2,14 + 10,70 kg ha-1
en los ciclos anteriores no recibió aplicación de la mezcla fungicida +
insecticida. La dosis de triadimenol + disulfoton fue de 0,54+2,70 kg ha-1
(Cuadro 1) aplicadas a los 93 DDFP, en la misma oportunidad cuando se
aplicó el fungicida triadimenol. Las aspersiones con oxicloruro de cobre
fueron realizadas a los 62, 93, 124 y 152 DDFP y las evaluaciones de la
enfermedad fueron hechas a los 53, 74, 95, 116, 13 7, 15 8, 179 y 200
DDFP.
Los
análisis estadísticos fueron realizados con el programa SAEG (Sistemas
de Análisis Estadísticos y Genéticos) de la Universidad Federal de
Vicosa (Euclides, 1983) y las comparaciones de los tratamientos por
contrastes ortogonales. RESULTADOS
Y DISCUSIÓN Primer
ciclo Al
comparar los promedios de los valores de la enfermedad (Cuadro 2) se
observa que todos los tratamientos con aplicación de fungicidas redujeron
el nivel de la enfermedad en relación con el testigo. En cuanto a los
tratamientos con fungicidas se apreciaron los menores valores de
incidencia en la variable área debajo de la curva de hojas con roya
(ADCHR) y de severidad área debajo de la curva de lesiones con esporas y
sin esporas, respectivamente (ADCLCE y ADCLSE); en el tratamiento con
aplicación de triadimenol + disulfoton, en la dosis de 2,14+10,70 kg ha-1,
con excepción de la característica área debajo de la curva de área
foliar con roya (ADCAF), que fue superada en eficiencia por la dosis de
0,72 kg ha-1 de triadimenol. En
orden creciente de promedios están las diferentes estrategias de aplicación
del fungicida cúprico seguidas por los tratamientos con las diferentes
dosis de triadimenol. Los rendimientos de café beneficiado del
tratamiento con aplicación de triadimenol + disulfoton fueron
equivalentes a los del cúprico aplicado en cuatro ocasiones; por otro
lado, los rendimientos de los tratamientos con las dosis de triadimenol
aislado fueron equivalentes al testigo, que presentó el menor
rendimiento. Entre las diferentes estrategias de aplicación del fungicida cúprico, se observó que el tratamiento con dos aspersiones en los meses de enero y marzo, presentó tendencias para menores valores de enfermedad; aunque el tratamiento con cuatro aspersiones, en los meses de diciembre, enero, febrero y marzo, el cual posee igual dosis de ingrediente activo del fungicida por cielo de la enfermedad, presentó los mayores rendimientos. Entre las dosis de triadimenol, hubo un aumento de la eficiencia de control en la medida que la dosis fue más alta. La mayor dosis de triadimenol (0,72 kg ha-1) presentó, en promedio, resultados cuyas amplitudes de control fueron similares a las de los obtenidos en el tratamiento con triadimenol + disulfoton.
Los
valores de la enfermedad (ADCHR, ADCLCE, ADCLSE YADCAF) en el tratamiento
testigo (Cuadro 2) fueron mayores a los obtenidos para los otros
tratamientos y estadísticamente diferentes al promedio de los
tratamientos que recibieron aplicación del fungicida (Cuadro 3). Ese
comportamiento se aprecia en la comparación entre los tratamientos con el
fungicida triadimenol y triadimenol + disulfoton; este último presentó
los menores valores de enfermedad (Cuadro 2) que fueron diferentes estadísticamente
(Cuadro 3).
El
aumento de las dosis de triadimenol provocó reducción de la enfermedad
(Cuadro 2), ésto es la respuesta linear entre ellas; exhibieron
diferencias en todas las características cuantificadas de la enfermedad
(Cuadro 3). Los datos de producción (Cuadro 2) revelan que existen
diferencias entre los valores medios del tratamiento con las estrategias
de aplicación del fungicida cúprico y del sistémico, y de modo similar,
diferencias entre las formulaciones del fungicida sistémico (Cuadro 3).
Esas diferencias indican que los promedios de las estrategias de uso del
fungicida cúprico superan los rendimientos obtenidos con los tratamientos
donde fue usado el triadimenol aislado y triadimenol + disulfoton. Entre
las formulaciones del sistémico, la formulación con triadimenol +
disulfoton presentó los mayores rendimientos. Segundo
ciclo En
el Cuadro 4 se observa que, aún siendo un año de baja carga para esa
localidad, la enfermedad alcanzó niveles elevados. La incidencia de la
enfermedad (ADCHR) en el tratamiento testigo apenas disminuyó en 3,55%
por día en el área debajo de la curva en relación al ciclo anterior
(Cuadro 2). Ese fue un año atípico en relación con las condiciones climáticas,
particularmente las precipitaciones pluviométricas, que ocurrieron de
septiembre hasta diciembre de 1992, alcanzando 791 mm, acumulando hasta
marzo de 1993 la cantidad de 1483 mm. Esas precipitaciones pluviométricas
ocurridas exactamente en la época de inicio de desarrollo de la epidemia,
aun cuando la carga existente fuese baja en relación al cielo anterior en
esa misma localidad, favorecieron el desarrollo de la enfermedad. El
testigo produjo en promedio 2,6 sacos de café beneficiado ha-1,
mientras que en el primer ciclo produjo 26,9 sacos. Todas
las características cuantificadas de la enfermedad: área debajo de la
curva para el porcentaje de hojas con roya (ADCHR), porcentaje de área
foliar con roya (ADCAF), número de lesiones con esporos por hoja
(ADCLCE), número de lesiones sin esporos por hoja (ADCLSE) en los
tratamientos con oxicloruro de cobre, presentaron los mayores niveles de
enfermedad en los tratamientos con y sin reaplicación, aunque tuvieron
los mayores rendimientos. En los tratamientos de cada una de las estrategias de uso del fungicida cúprico, se apreció que, para todas las variables, los mayores niveles de enfermedad y los menores rendimientos estuvieron asociados al tratamiento sin reaplicación. En las subparcelas de las diferentes estrategias de rendimiento sin reaplicación. En las subparcelas de las diferentes estrategias de uso de¡ fungicida cúprico, empleando cuatro, tres y dos aspersiones, para las características ADCHR y ADCLCE, no hubo efecto de control en relación con el número o a la época de inicio de las aspersiones, siendo que para las variables ADCHR y ADCLSE, se observó que sus valores aumentaron en la medida que el número de aspersiones disminuyó. La producción promedio de las subparcelas, con reaplicación de las diferentes estrategias de control del fungicida cúprico, fue de 25% mayor que la de los tratamientos sin reaplicación, mientras en cada uno de los tratamientos, los rendimientos de las estrategias con cuatro y dos aspersiones fueron los mayores. En
los tratamientos con diferentes dosis del fungicida triadimenol, los
niveles de enfermedad registrados fueron menores a los obtenidos para las
diferentes estrategias de uso del fungicida cúprico, tanto a nivel de
parcela como de subparcela. A nivel de parcela, la mayor dosis de
triadimenol (0,72 kg ha-1) presentó los menores niveles de
enfermedad en todas las variables y sus rendimientos fueron los mayores.
En la parcela con la menor dosis de triadimenol (0,24 kg ha-1)
se observaron los mayores niveles de enfermedad en relación a las otras
dos dosis evaluadas y menores rendimientos. Entre
las subparcelas que recibieron la reaplicación del fungicida granulado en
cada una de las dosis estudiadas, en promedio, las características
cuantificadas de la enfermedad tendieron a disminuir en la medida que las
dosis aumentaron. Los tratamientos utilizando la mezcla fungicida +
insecticida (triadimenol + disulfoton) presentaron los menores niveles de
enfermedad y los mayores rendimientos de ese ciclo, tanto en la parcela
como en las subparcelas (Cuadro 4). El
análisis estadístico (Cuadro 5) de cada una de las características
evaluadas de la enfermedad, a nivel de parcela, muestra que para la
variable ADCHR y para la producción hubo diferencias entre el testigo y
los tratamientos con control. Las parcelas tratadas presentaron, en
promedio, menor enfermedad y mayor producción (Cuadro 4). Entre las
estrategias de uso del fungicida cúprico y las formulaciones del sistémico,
para todas las características cuantificadas de la enfermedad, aquellas
donde se usó el oxicloruro de cobre presentaron los mayores niveles de
enfermedad (Cuadro 4); observándose diferencias entre éstas (Cuadro 5). Entre
las formulaciones del fungicida sistémico se apreció (Cuadro 4) que, en
promedio, todas las características de la enfermedad en los tratamientos
con las diferentes dosis de triadimenol tuvieron mayores valores a los
obtenidos en la parcela que recibió el tratamiento con triadimenol +
disulfoton (Cuadro 5). Además de eso, entre los tratamientos con
utilización de las formulaciones del sistémico, de manera similar, los
mayores rendimientos correspondieron al tratamiento donde se utilizó
triadimenol + disulfoton.
La
respuesta linear entre las dosis de triadimenol utilizadas en la parcela,
indica que ocurrieron diferencias para las variables ADCHR, ADCAF, ADCLCE
y ADCLSE (Cuadro 5) lo que demuestra que hubo disminución linear del número
de hojas con roya, del número de lesiones con y sin esporos y del área
foliar lesionada por la roya, en la medida que se aumentó la dosis de
triadimenol (Cuadro 4). En
las subparcelas, dentro de las estrategias de aplicaciones con cuatro,
tres y dos aspersiones de fungicida cúprico, las subparcelas sin
reaplicación presentaron los mayores niveles de enfermedad (Cuadro 4)
aunque cuando se compararon las subparcelas en el tratamiento con cuatro
aspersiones, en relación con las otras dos, no hubo diferencia (Cuadro
5). En cuanto a los valores de producción, aun siendo estos mayores en
las subparcelas que recibieron las cuatro aspersiones (Cuadro 4), hubo
diferencia significativa (Cuadro 5) entre ellos. Para
el tratamiento con tres aspersiones, la subparcela que recibió las
aspersiones presentó los menores niveles de enfermedad (Cuadro 4) y
fueron detectadas diferencias para las características ADCHR. ADCAF y
ADCLSE. De manera similar, en el tratamiento con dos aspersiones del
fungicida cúprico, la subparcela con reaplicación también presentó los
menores niveles de enfermedad (Cuadro 4) aunque solamente las características
ADCLCE y ADCLSE presentaron diferencias (Cuadro 5). En
las subparcelas de los tratamientos con aplicación inicial de 0,24 y 0,48
kg ha-' de triadimenol, no se observaron diferencias entre formas de
respuesta de las dosis empleadas en las subparcelas (Cuadro 5). Sólo la
característica ADCHR en el tratamiento con reaplicación de las dosis de
0,72 kg ha-1 de triadimenol, presentó el menor número de
hojas enfermas (Cuadro 4), cuyos valores fueron estadísticamente
diferentes (Cuadro 5). Tercer
Con
respecto al efecto bianual de la producción, los rendimientos de esa región
alcanzaron en este ciclo el rendimiento de 39,9 sacos ha-1 de
café beneficiado (Cuadro 6); en el ciclo anterior fueron de 2,6 sacos/ha
en el tratamiento testigo (Cuadro 4). La plantación recuperó su producción
de manera generalizada y los efectos de los tratamientos a nivel de
parcelas y subparcelas pudieron ser evaluados en un ciclo de alta producción.
De
manera general, el testigo presentó los mayores valores de incidencia y
severidad de la enfermedad, seguido en orden decreciente de eficiencia por
los tratamientos con las diferentes estrategias de aplicación del
fungicida cúprico y después, por los tratamientos con las diferentes
dosis de triadimenol. El tratamiento que mostró mayor eficiencia en el
control de la enfermedad fue el que recibió la aplicación de triadimenol
+ disulfoton, en el cual fueron constatados los menores niveles de la
enfermedad y los mayores rendimientos (Cuadro 6). En
los tratamientos con las diferentes estrategias de uso del fungicida
oxicloruro de cobre, se observa que los resultados obtenidos en las
subparcelas con y sin reaplicación, no presentaron consistencia en cuanto
a la reducción de los niveles de la enfermedad (Cuadro 6); los mejores
rendimientos correspondieron a la subparcela con reaplicación de cuatro
aspersiones del fungicida cúprico. Para las dosis de triadimenol, a
medida que aumentó la dosis del fungicida granulado aplicado en el suelo,
menores fueron los valores de las variables cuantificadas de la enfermedad
(Cuadro 6); sin embargo, no se mantuvo la misma consistencia para los
datos de producción. En el tratamiento con triadimenol + disulfoton la
subparcela sin reaplicación del fungicida + insecticida presentó mayores
rendimientos (Cuadro 6) en relación con la subparcela que recibió
reaplicación de un cuarto de la dosis adoptada inicialmente. El
tratamiento con reaplicación de triadimenol + disulfoton, a pesar de
haber presentado en ambas subparcelas los niveles más bajos de enfermedad
en comparación con todos los otros tratamientos evaluados (Cuadro 6),
fueron detectadas diferencias entre las subparcelas en cuanto a la
característica ADCHR (Cuadro 7). La subparcela que recibió reaplicación
con la mitad de la dosis, que correspondió a un cuarto de la dosis
inicialmente aplicada, presentó la menor incidencia de la enfermedad
(Cuadro 6). La
carga de frutos del año es uno de los factores indicadores de la magnitud
de la epidemia (Zambolim et al.,
1992; Silva-Acuña, 1994). Esto se ratificó en este ensayo porque fue
durante el primer y tercer ciclo cuando se presentaron los mayores niveles
de enfermedad en el tratamiento testigo. Ese particular comportamiento de
la enfermedad también puede ser explicado por las lluvias (otro de los
factores condicionantes de la epidemia) ocurridas de septiembre a
noviembre de 1992, que alcanzaron 423 mm, sin incluir los otros 368 mm de
diciembre de ese mismo año, lo que permitió la rápida diseminación de¡
inóculo. Como
consecuencia, en diciembre, cuando fue realizada la primera aspersión, el
porcentaje promedio de la enfermedad en el experimento era de 23%. Esa
situación es totalmente diferente a la que ocurrió en el segundo ciclo,
cuando la precipitación pluviométrica entre septiembre y noviembre fue
de 297 y 260 mm, respectivamente, y los niveles de enfermedad, en promedio
fueron de 0,0 a 0,5% de hojas con roya. En
el primero y segundo ciclo no fueron constatadas diferencias entre las
estrategias de uso del fungicida oxicloruro de cobre; aunque se esperaba
observar la repercusión del tratamiento del ciclo 1991/192 sobre la
producción del segundo ciclo, sólo se encontraron diferencias en la
producción entre las subparcelas tratadas para la estrategia de cuatro
aspersiones (de diciembre a abril). Los
niveles de enfermedad alcanzados en las tres estrategias de control con
uso del fungicida cúprico, en el tercer ciclo, demostraron que esos
tratamientos no fueron confiables para el control de la enfermedad, en
función de la época en que fueron realizadas las aspersiones, por no
haber sido observadas en las subparcelas diferencias entre plantas
tratadas y no tratadas. Además, el efecto significativo sobre la producción
obtenida en el segundo ciclo es debida al ión Cu++ sobre la
producción de granos (Cruz Filho y Chaves, 1975) y no a la protección
del cultivo contra la enfermedad. Los
resultados obtenidos para las estrategias de uso del fungicida cúprico no
presentaron suficiente consistencia para ser recomendado. Si se usan los
criterios sugeridos por Cruz Filho y Chaves (1975) que se basan en la
realización de aspersiones en los meses de mayor intensidad de
precipitación pluviométrica, sería recomendable iniciar las aspersiones
antes de diciembre, con la finalidad de obtener mejores resultados, tanto
en el control de la enfermedad como en la respuesta de los tratamientos en
relación con la producción. Otras estrategias de aplicación de cúpricos
necesitan ser evaluadas para constatar sus bondades de control sobre la
roya del cafeto en esta región.
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