Logo 40º aniversario de la Revista Científica Agronomía Tropical

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Tema:       El Papel del Editor de las Revistas Científicas

Ponente:  Vidal Rodríguez Lemoine
                  Editor de la Revista Acta
Científica Venezolana - ASOVAC

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Ante todo quiero expresar mi más sincero agradecimiento a los organizadores por la invitación para participar, con destacados colegas, en el Simposio sobre la Publicación Agrícola en Venezuela. Evento que se realza
como parte de los actos conmemorativos de los cuarenta años de la fundación de la Revista "Agronomía Tropical",

En la instalación del simposio no se hizo una presentación formal de los ponentes: y desde luego yo no pretendo hacer la mía. Creo, sin embargo, que debo justificar mi presencia en este significativo evento. Desde hace varios años, concretamente desde 1969, realizo funciones asociadas a la edición de la Revista "Acta Científica Venezolana", actuando como Editor Jefe desde 1978 hasta la presente fecha. Acta Científica Venezolana es el órgano oficial de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, ASOVAC. Desde su fundación, en 1950, esta revista ha ejercido un papel protagónico en la conformación y desarrollo de nuestra incipiente comunidad científica. Se trata de una revista multidisciplinaria nacional que ha logrado alcanzar, a lo largo de su historia, no solo prestigio local y regional, sino el estatus de revista internacional. Acta sirve como vehículo de comunicación formal entre los miembros de la comunidad científica nacional y como un elemento de vinculación de esta comunidad con el sistema científico internacional.

A este simposio fui invitado para hablar sobre el papel del editor de revistas científicas en general y en particular sobre la edición de revistas en el área agrícola. Oportunamente señalé a los organizadores que no podría cumplir, a cabalidad, tal solicitud porque mi experiencia en este campo se limita, primero a la edición de la "Revista Latinoamericana de Microbiología" y luego a "Acta Científica Venezolana". Acta Científica, respondiendo al colectivo que representa, es naturalmente una revista de carácter multidisciplinario. Publica, 'consecuentemente, trabajos originales en todas las disciplinas científicas. La revista ha publicado y publica trabajos en el área de cie8cias de la tierra, incluyendo el área de aplicación en la cual podríamos ubicar las ciencias agrícolas. Debo señalar, sin embargo, que en este campo hemos publicado relativamente pocos trabajos. Hay una buena razón para que esto sea así. Existe una revista científica, de muy alta calidad, con alto reconocimiento nacional y regional que cumple eficientemente esta función en nuestro país. Se trata de "Agronomía Tropical". Hoy, precisamente, estamos celebrando cuarenta años de haberse iniciado su publicación. Actualizarla, modernizar el proceso de edición, incrementar el número de trabajos de instituciones nacionales y regionales, garantizar una amplia distribución internacional, en fin, fortalecerla son los retos a corto y mediano plazo. Esto puede ser posible, puede lograrse con relativa facilidad, si se garantizan los medios de financiamiento y se le proporciona un apoyo institucional adecuado. No encuentro razones para que el Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias, FONAIAP, que es el organismo patrocinador no asuma en todas sus partes este compromiso.

 

Antes de entrar a considerar el tema propuesto debo intentar aclarar el uso del término Editor, calificación que se aplica a quienes actúan como responsables de la publicación de una revista científica. Hay quienes afirman que el término, tal como se le define en castellano, no es aplicable a la función que se ejerce, y que se trata del uso erróneo de una expresión de lengua inglesa. Editor es, sin embargo, quien "edita o publica una obra...". Editar, por otra parte, se refiere a "publicar y poner a la venta la obra de un escritor, ...". Creo, en consecuencia, que los que se dedican a la publicación de revistas científicas, que representan asociaciones u organizaciones científicas de países periféricos como el nuestro, ejercen funciones de verdaderos editores. Se ocupan, como veremos más adelante, de realizar directamente o de supervisar todas y cada una de las funciones relativas a la producción de la revista y a su distribución o comercialización. Esto, desde luego, no ocurre en los países centros o desarrollados, donde la actividad editorial es una función de producción y tiene carácter comercial, mientras que la de Editor (director) es una función de carácter exclusivamente académico. 

Una vez clarificado el punto, quisiera tratar de definir los tipos de editores que podrían encontrarse o que se encuentran al frente de estos programas y la función que les toca desempeñar. En primer término la función del Editor depende de la naturaleza misma de la revista; en segundo lugar de la comunidad científica que representa y en tercer y último lugar de la base económica que sustenta esa función.


Sthephen Look, editor del “ New England Journal of Medicine” – la revista médica  de mas prestigio en el mundo entero- clasificó, en una ocasión, a los editores en tres categorías o tipos: aquellos que califica de "Rey Sol". El hombre omnipotente, que es jefe, productor y autor de todas las decisiones. El jefe autócrata que, a veces, en mayor o menor grado busca asesoramiento a través de un consejo editorial o mediante un cuerpo de árbitros seleccionados de una manera más o menos amplia, pero que en la práctica ejerce todas las decisiones editoriales. De esta manera funcionaron, en su origen, todas las revistas nacidas en el seno de las sociedades científicas. Este esquema se mantiene todavía en algunas revistas, particularmente las de carácter general o divulgativo y algunas revistas de sociedades científicas de poco desarrollo. El segundo tipo de editor es el que actúa como presidente de un Consejo de Editores, donde cada miembro tienen funciones independientes y trabajan en forma más o menos colegiada. El tercer grupo o la tercera modalidad es la que opera a través de una organización cooperativa, donde existe un número de individuos "cómplices de conspiración" (de los cuales habla Hebe Vessuri), que deciden llevar adelante un proyecto, darle continuidad o avanzar un proyecto de publicación de un medio de difusión científica ya existente. En este caso el cuerpo tiene funciones repartidas, pero comparten de alguna manera el mismo tipo de responsabilidad; hay una distribución de tareas pero hay una responsabilidad colectiva.

En el caso de Acta Científica Venezolana la acción editorial está dirigida de la última manera, pero están presentes en su organización rasgos de los primeros tipos de conducción. Su estructura fundamental es la de una organización cooperativa, donde existe un cuerpo editorial estable constituido de la siguiente manera: una Comisión Editora formada por siete investigadores, presidida por el Editor Jefe; un Consejo de Política Editorial formado por representantes de los diferentes capítulos de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, ASOVAC, y un Cuerpo de Editores de Campo, que actúa como cuerpo asesor y de consulta permanente de la Comisión Editora. A esto debe sumarse el empleo sistemático de mecanismos de arbitraje o de revisión crítica de los manuscritos, en el cual participa un apreciable número de destacados investigadores de la comunidad científica internacional. Los Editores Asociados, miembros de la Comisión Editora, comparten responsabilidades académicas y administrativas con el Editor Jefe, que actúa como coordinador. El Editor Jefe es el responsable último del programa y en consecuencia sobre él recaen todas y cada una de las funciones del programa de actividades. Con frecuencia toma, debe tomar, decisiones en forma independiente.


En un país desarrollado, que no es el caso nuestro, la función del editor o editores tiene un carácter distinto. Su función es puramente académica. Los editores no tienen ninguna actividad relacionada con la administración, producción o distribución de la revista. La publicación -revista- es un producto que se vende muy bien. Se vende muy bien porque tiene prestigio académico; se vende caro porque llega a todos los centros de investigación, llega a todos los sitios a los que tiene que llegar. Desde el punto de vista económico no es más que un producto de valor comercial de muy alta calidad. Un producto que se comercializa muy bien y produce jugosas ganancias a sus productores. Los editores, en este caso, forman la otra parte del sistema. Son la parte académica y usualmente están asociados a universidades y centros de investigación. Los editores pueden, y de hecho están, ubicados en diferentes universidades de uno o más países centro; por ejemplo Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania o Japón. La edición y distribución está, por el contrario, a cargo de compañías transnacionales que elaboran el producto (levantan textos, diagraman e imprimen) en cualquier parte del planeta, respondiendo a costos de producción. La distribución se realiza a través de complejas redes con centro en Miami u otras ciudades consideradas nudos de comunicación internacional. Cada una de las áreas geográficas que participa en el sistema de producción garantiza, de alguna manera, mayor eficiencia, mayor rendimiento en el proceso global de producción. Desde luego que los artículos, que son la otra parte, el componente más importante de una revista, el que define su naturaleza, provienen no sólo de los países desarrollados o centro, sino que en volumen significativo provienen de los países periféricos. El mundo subdesarrollado contribuye con más del1 0% de los trabajos que se publican en las 500 revistas científicas editadas por el mundo desarrollado. Se asume que en la actualidad se publican, en todo el mundo, algo más de 80000 revistas científicas en las cuales se recoge el resto de la producción científica mundial.

 

El caso de los editores de revistas científicas ubicados en la periferia del mundo desarrollado, la situación es completamente distinta. El editor o los editores actúan como hombre-orquesta o, en el mejor de los casos, como miembros de una pequeña orquesta. Deben ser capaces de tocar todos y cada uno de los instrumentos y hasta dos al mismo tiempo para poder garantizar que la música suene y que suene bien. Deben asumir, en todas sus partes, la responsabilidad de producir la publicación. Su compromiso no es sólo de carácter académico. Su actividad no está centrada en lo que, se asume, es el papel que desempeña el editor de una revista científica considerada internacional. No se limita a someter los trabajos a arbitraje, decidir cuáles son los trabajos de relevancia, o cuáles son de entrada basura, sin ningún aporte. A diferencia de sus colegas, deben cumplir pesadas labores administrativas y deben, sobre todo, procurar los recursos económicos para garantizar la publicación. Debemos anotar aquí que, con contadas excepciones, las revistas científicas publicadas desde esta parte del mundo no constituyen valores de uso comercial. No son un buen negocio. Los editores deben, entonces, ser capaces de convencer a entidades públicas y privadas, incluyendo a aquellas encargadas de la programación y financiamiento del sector ciencia y tecnología, de la importancia de los medios de difusión del conocimiento en el progreso de la actividad científica. De su papel como elemento de comunicación interna y como vehículo de participación colectiva en el sistema internacional de la ciencia. Deben, en fin, mantener un programa de acción, una campaña permanente de promoción y búsqueda de financiamiento.

 

En un país subdesarrollado el editor o los editores deben, además, asumir otras tareas. Deben mantener una relación estrecha y permanente con las unidades responsables del levantamiento de textos, diagramación, corrección de pruebas, impresión, encuadernación y distribución de la revista. En ocasiones deben asumir directamente muchas de estas tareas. Deben ser capaces de resolver, día a día, todos los problemas inherentes a la producción y distribución de la revista. Deben asumir, y de hecho asumen, responsabilidades que escapan a la función propia de editor.

 

El otro aspecto, el que intrínsecamente corresponde a las funciones de los editores, es el establecimiento de un diálogo entre investigadores, entre pares. Entre los que requieren el conocimiento científico para generar más conocimiento y entre estos y aquellos que lo utilizan, lo aplican en la solución de problemas, de todo orden, con el fin último de procurar mayor bienestar al hombre, y vida en equilibrio armónico con la naturaleza.

 

Si la revista es importante como vehículo para dar a conocer, entre los científicos de todo el mundo, el conocimiento que se genera en un laboratorio, en un centro de investigación o en una región particular, entonces es esencial establecer un diálogo entre ellos. Este diálogo comienza, formalmente, antes de la publicación de los resultados de la investigación, antes de la edición de la revista. Se inicia durante el proceso de revisión crítica de los manuscritos, durante el arbitraje. El editor o editores son, por definición, árbitros. Deben considerar los artículos y establecer no solo si cumplen con las pautas editoriales de la revista que dirigen, sino determinar la calidad o contenido original del trabajo y su aporte al conocimiento universal. La idea de arbitrar los trabajos, empleando investigadores no asociados a la revista, ubicados en universos geográficos distantes, es de fundamental importancia. Porque, aún en el caso de revistas altamente especializadas, los editores no están en condiciones de poder establecer claramente, sin riesgo de equivocación, la naturaleza del aporte científico del trabajo. En la historia de la publicación científica hay numerosos ejemplos de rechazo de comunicaciones innovadoras en revistas de gran prestigio académico y de publicación, en las mismas revistas, de trabajos sin contenido científico alguno. Hay, alrededor del mundo, numerosas revistas científicas de publicación regular y amplia distribución internacional (se asume la existencia de cerca de 1 000000) que publican cada año una enorme cantidad de material. La mayoría de los trabajos son, sin embargo, de poco valor científico.

Una parte substancial de las revistas científicas que se publican en nuestra región, incluyendo revistas de prestigio regional, no han incorporado el sistema universal del arbitraje, cuya práctica se inició en el "Journal de Scavans" a comienzos del siglo XVIII. En nuestro medio el arbitraje aparece como una práctica cotidiana, adquiere forma y se institucionaliza primero en Acta Científica Venezolana. Esto ocurre hacia mediados de los años sesenta. El sistema fue adoptado, más tarde, por otras revistas nacionales gracias al estímulo y exigencias impuestas a través de la Asociación Venezolana de Editores de Revistas Biomédicas, ASEREME.

Quisiera destacar, finalmente, una función singular que realizan colectivamente, desde adentro, los editores de revistas científicas en la periferia. La función didáctica. Los editores en franca confabulación con investigadores -de comprobada experiencia y creatividad- que actúan como árbitros generan, en un proceso dinámico de intercambio de ideas, un fructífero diálogo con autores noveles. Se establece, a través del mecanismo de revisión crítica de los manuscritos, un enriquecedor proceso de enseñanza-aprendizaje. Los editores procuran, al menos es nuestra experiencia en Acta Científica Venezolana, mantener ese vínculo hasta alcanzar la meta deseada. Hasta que el principiante logra manejar apropiadamente las herramientas de la comunicación científica. Por esta vía se somete a prueba el proceso de formación de jóvenes investigadores y se complementa y acelera su formación.

 

El fortalecimiento de revistas nacionales o regionales, rigurosamente arbitradas, y de amplia distribución internacional es esencial para el enraizamiento de la actividad científica en la región. Las publicaciones científicas periódicas constituyen, sin duda alguna, el indicador más objetivo del desarrollo y madurez de una comunidad científica. La presencia, en nuestro medio, de revistas de la trayectoria de "Agronomía Tropical" reflejan la existencia de una actividad agrícola vigorosa. Es una muestra de la acción y perseverancia de investigadores del campo creativo, de una comunidad madura dedicada a resolver urgentes problemas nacionales.


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